
¡Quien explica, se complica!

Por Nelson Retamales Tirado
Luego de mil explicaciones -las más, en forma privada- reiteraré un párrafo de mi última columna que causó confusión. Más que explicar, pondré el mismo párrafo desde dos perspectivas, con acento en el género. El real: “El domingo pasado hubo elecciones y nos preocupaba la de presidente de la República. Para hacer el cuento corto, la oposición al gobierno -conformado por el Frente Amplio y Comunistas, luego reforzado por el socialismo democrático- obtuvo más del 50% de los votos válidamente emitidos.”
Ahora la misma con una pequeña modificación: “El domingo pasado hubo elecciones y nos preocupaba la de presidente de la República. Para hacer el cuento corto, la oposición al gobierno -conformada por Republicanos, Chile Vamos, Demócratas, Amarillos, Republicanos y PNL- obtuvo más del 50% de los votos válidamente emitidos.”.
Tal vez debí ensayar otra redacción menos complicada, pero ya está.
Lo importante, es que el 14 de diciembre se juega el futuro de Chile, entre dos mundos totalmente opuestos, tal vez, no los mejores para la diversidad de pensamientos doctrinarios e ideológicos que existen y que para algunos, es una decisión que lo obliga salir de las brasas para caer a las llamas, pero para evitar la disyuntiva, la decisión no es evadirse, no es votar nulo o dejar el voto en blanco, incluso, tampoco es no concurrir al acto eleccionario, dispuesto a pagar poco más de cien mil pesos de multa, sino, lo correcto es que cada chileno tome una decisión, la mejor que crea y que se haga cargo de ella.
Aunque resulte difícil, todos deberemos optar entre permitir la continuidad de un gobierno que prometió mucho y no cumplió casi nada; con una candidata que, estratégicamente se aleja de un gobierno del que ella misma fue parte importante y se hace la buenita tomando distancia de la doctrina totalitaria de un partido al que ingresó siendo aún niña o, por un candidato cuya doctrina es nueva, y por tanto, desconocida pero que, se aprecia fuerte, conservadora y decidida a recuperar el orden perdido y que se aleja de las posiciones más neutras, en un país en el que el centro político ha desaparecido y nos lleva a caer a los extremos, que no es lo mismo que, caer en el extremismo, el que pudimos sufrir con la Convención Constitucional o con el denominado estallido social que, de haber logrado la caída de Piñera, sí lo habría sido con todas sus letras.
En la elección del 14 de diciembre se juega la sobrevivencia del sistema democrático de Chile, del deseo de recuperar el orden interno; se juega el progreso y, por sobre todo, un desarrollo económico, que permita reimpulsar el empleo, atraer nuevos inversionistas y devolvernos ese respeto del mundo que una vez tuvimos y que se desvaneció en el intento de transformar nuestro país en satélite de una doctrina que ha fracasado en todo el mundo y que, donde ha gobernado, ha dejado, hambre, miseria y persecución.
No hay más grandeza que la de la Patria, y si en algún evento se debe optar por salvarla, no importa el costo que haya que pagar, aun renunciando a las cuestiones más preciadas porque, algunos dirán que ambas opciones presidenciales son malas, pero debemos elegir una y, siempre habrá una menos mala que permita abrigar la esperanza de rehacer caminos, porque no es una opción sin retorno.
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