
Cuando las diferencias nos ponen a prueba, son como una ola que nos bota: una mirada sistémica a los conflictos humanos

Por Daniela Foster – Orientadora Familiar Sistémica
“En medio de un conflicto, lo que más duele no siempre son las palabras… sino la sensación de no ser vistos, no ser comprendidos, no ser parte.” Y, aun así, los conflictos son parte natural de cualquier comunidad: la familia, los equipos de trabajo, las organizaciones sociales, los grupos territoriales e incluso los grupos de WhatsApp. Siempre aparecerán tensiones: opiniones distintas, miradas diversas, diferencias generacionales y formas distintas de relacionarnos. Estamos aprendiendo y reaprendiendo; soltando mochilas antiguas, cuestionando patrones y ajustando quiénes somos. Ese proceso no es perfecto. A veces reaccionamos nos incomodamos, nos duele, y claro, también nos equivocamos. Lo importante es reconocerlo, porque cuando no lo hacemos, los dolores se guardan, los vínculos se resienten y aparece la desconfianza. Nuestra autoestima se agrieta, las emociones se acumulan y terminamos cargando más peso del necesario. Pero cuando comprendemos lo que está pasando desde un lugar humano, real y compasivo encontramos herramientas para atravesar mejor estas situaciones. Somos seres en transformación constante y saberlo nos alivia, nos prepara y nos ayuda a enfrentar lo cotidiano con más calma. Desde la mirada sistémica de la orientación familiar, los conflictos no son señales de ruptura; son movimientos naturales de un sistema vivo que se ajusta para crecer.
Cuando se habla de nosotros, cuando se cuestionan nuestras acciones o intenciones, es difícil no quebrarse. Aunque tengamos experiencia o herramientas, sigue siendo doloroso sentir que no somos comprendidos. En cualquier grupo humano, la gente habla. Opina, interpreta, cuestiona. Y casi nunca lo hace desde la maldad, sino desde su historia, sus heridas y sus necesidades emocionales no resueltas. Entender eso ayuda, pero igual duele. A veces sentimos que hemos hecho todo para ser escuchados, para dialogar, para explicar… y aun así no logramos conectar. Ese sentimiento es duro, solitario y desgastante. Allí es donde el acompañamiento profesional , pedir ayuda acudir también a la orientación familiar, juega un rol fundamental. Este profesional sabe escuchar activamente, contener, derivar cuando es necesario, comprender contextos y ayudar a mirar el conflicto desde otro ángulo. No para juzgar, sino para acompañar, abrir preguntas y dar claridad. Por eso es tan importante que en nuestros espacios comunitarios exista un apoyo humano capaz de orientar y colaborar con otros profesionales para que las personas puedan comprenderse y comprender a los demás.
El verdadero desafío no es evitar las conversaciones incómodas, sino cómo nos posicionamos frente a ellas. Defenderse no es atacar ni descalificar. Defenderse, desde lo sistémico, significa poner palabras a nuestra verdad, decir lo que sentimos sin herir, poner límites con respeto y reconocer que cada persona ve solo una parte del todo. Para entendernos necesitamos conciencia, competencias y voluntad. Cuando alguna falta, el encuentro se hace difícil. Por eso los espacios de conversación los medios, la comunidad, las organizaciones y los profesionales cumplen un rol clave: modelar, contener y abrir caminos para decisiones más conscientes. Responder sin invalidar la experiencia del otro, es una forma de cuidarnos sin romper el vínculo.
Muchas veces las personas se retiran de los grupos porque no existe un espacio seguro para expresar emociones, porque la diferencia se vive como amenaza o porque pertenecer empieza a doler más de lo que sostiene. Salir parece más fácil que hablar. Pero retirarse no resuelve nada; solo posterga. Desde la mirada sistémica, un grupo se fortalece cuando ofrece un lugar seguro para sentir.
Ojalá elijamos el camino que fortalece, que humaniza y que nos permite dialogar sin destruir lo más valioso que tenemos: las relaciones humanas que sostienen nuestra vida, nuestra comunidad y nuestro sentido de pertenencia, que son competencias que debemos socioeducarnos.
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