
La hora de los quiubos

Por Nelson Retamales Tirado
En medio de una sinfonía de encuestas, algunas a simple vista mal construidas y otras, simplemente interesadas, hoy se llegó al día en que, la única y verdadera, la definitiva encuesta, nos entregará su resultado al caer la tarde y acabará con la venta de ilusiones para quienes, valiéndose de ellas, se mantenían esperanzados para aminorar su incertidumbre, alentar a sus parciales y, en definitiva, autoengañarse con una posibilidad que, en su fuero interno, saben que no llegará, al menos, en esta vuelta.
Sin duda, esta elección es quizás, la más importante desde el retorno a la democracia, y su incierto resultado, obedece a que, por primera vez, elegiremos presidente de la Nación -y también parlamentarios- con voto obligatorio y, no es posible saber cuál será la reacción de aquellos renuentes a la política y, por tanto, se resisten a participar -cualquiera sea el motivo- y estos podrían dar una sorpresa mayúscula.
Venimos saliendo de un período complicado en el cual hemos tenido de todo: una pandemia que nos tuvo por las cuerdas y perdimos muchos seres queridos; un estallido o revuelta social que afectó gravemente la economía nacional, especialmente a pequeños empresarios y, de paso, quemó inmobiliario público y; dos procesos constituyentes, uno de cada sector y ambos fallidos. El primero, que quiso cambiar a Chile, sustancialmente, al punto de transformarlo severamente hasta hacerlo “otro”, para nosotros desconocido y; el segundo, por querer “acomodar” Chile a imagen y semejanza de algunos, lejos del sentir mayoritario de la ciudadanía, pero, debido a la madurez del pueblo chileno y al enorme espíritu cívico que aún nos sostiene, ambos terminaron, como dije, fallidamente -62% vs. 38% y 44% vs. 56%, respectivamente- y, para mal de algunos y alegría de otros, nos debimos quedar con la “tan resistida” Constitución del ’80, la que, ahora -quien lo dijera- fue defendida por su más recalcitrantes detractores. “Me carea muerto” como decía mi amigo Juan.
Para la elección de hoy, ninguno de los sectores pudo llegar a acuerdo para alcanzar listas parlamentarias únicas, y aunque saben que la ambición rompe el saco, algunos “jerarcas” por salvar su propio pellejo y con un egoísmo extremo, pusieron en riesgo el éxito de su sector y la supervivencia de su propio partido.
Lo que está meridianamente claro es que, en esta primera vuelta presidencial, cualesquiera sean los guarismos, no serán indiciarios de la segunda, porque el sustento base para cada uno de los grandes conglomerados, es muy distinto y, en estos actos, no es posible aplicar magia.
Distinto es en las parlamentarias (regiones impares elige también senadores) pues en éstas -y de una- se juega el soporte de quien gane el sillón de O’Higgins y podrá predecirse ciertamente, si habrá o no reales cambios conforme a lo que pide la gente.
Solo basta esperar que, como siempre, el pueblo chileno muestre su responsabilidad cívica y vote informadamente por los candidatos a diputado y presidente que crea, le harán bien al Distrito y a Chile.
Termino con Leonel Sánchez: “que gane el más mejor” para el bien de la Patria.
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