
“Los valores no se heredan, se fomentan en cada hogar y en la sociedad”

Por Daniela Foster – Orientadora Familiar Sistémica
¿Cómo estamos aprendiendo a convivir en una sociedad que cambia?
Orientadora Familiar
Dicen que los valores no se enseñan con palabras, sino con el ejemplo. Y hoy, más que nunca, necesitamos volver a mirar eso que nos une como personas, como familias y como comunidad.
Los valores son como una brújula interior: nos ayudan a orientarnos dentro de la familia, en el vecindario y en todos los espacios donde convivimos.
Porque los valores no se heredan como una casa o una tierra; se fomentan y se cultivan cada día en la forma en que nos tratamos, nos escuchamos y resolvemos nuestras diferencias.
Vivimos en una sociedad que cambia a gran velocidad. Hay nuevas leyes, nuevos tipos de familia, nuevas formas de comunicarnos. Pero muchas veces da la impresión de que avanzamos en lo material, dejando poco espacio para detenernos, escucharnos y construir acuerdos.
Nos cuesta dialogar, reaccionamos rápido y a veces el respeto y la palabra valen menos que antes.
Hoy los cambios sociales y tecnológicos nos desafían a revisar nuestros valores. No se trata de juzgar si antes era mejor o peor, sino de preguntarnos qué valores queremos fortalecer ahora, cuáles nos ayudan a crecer como personas y como sociedad.
Preguntarnos, por ejemplo: ¿qué valor tiene la empatía en mi vida cotidiana?, ¿cómo practico la solidaridad con los demás?, ¿estoy enseñando con mi ejemplo a mis hijos lo que significa el respeto?
Desde la orientación familiar, observamos que la familia sigue siendo el primer lugar donde se aprenden los valores humanos. Es en casa donde un niño descubre qué es la cooperación, el cuidado mutuo, la responsabilidad o el respeto por la palabra. Y eso no se enseña solo hablando, sino viviendo. Los valores se transmiten en el tono con que nos dirigimos a los demás, en la forma en que resolvemos un conflicto o acompañamos una emoción.
Cuando la escuela y la familia trabajan juntas, se genera una red poderosa: educar ya no es solo enseñar contenidos, sino enseñar humanidad.
Hoy las leyes intentan ordenar muchos aspectos de la vida: los derechos, los deberes, la convivencia. Pero ninguna ley alcanza si no fortalecemos los valores desde el hogar, la escuela y la comunidad. El valor por el respeto individual, de cada Ser.
La ley puede poner límites, pero solo el valor humano puede sostener los vínculos.
Vivimos un momento que nos invita a volver a mirarnos a los ojos. A reconocer que todos formamos parte de un mismo tejido: personas, familias, instituciones, naturaleza y entorno. Lo que le pasa a uno, afecta al otro.
Esa es la mirada sistémica: comprender que todo está conectado, que nadie crece solo.
Deja una respuesta