
Lo que te puedes perder por no ofrecer, recibir o pedir un abrazo

Por Daniela Foster – Orientadora Familiar Sistémica
orientacoachlife@gmail.com
Hoy quiero invitarte a algo muy simple, pero profundamente humano: el abrazo.
Abrazar a tus hijos, a tus padres, a tus amigos. Abrazar a quien quieres y, cuando se pueda, también a quien está pasando por un momento difícil. Abrazar con respeto, pidiendo permiso y cuidando al otro. Un abrazo no se obliga: se ofrece. Y algo muy importante que a veces olvidamos: también es sano, válido y necesario pedirlo.
Pedir un abrazo no es debilidad. Al contrario, es una forma de autocuidado. Cuando estamos tensos, angustiados, tristes o emocionalmente sobrepasados, un abrazo puede ayudarnos a calmarnos. Puede bajar esa presión interna que muchas veces no sabemos cómo explicar con palabras. Vale la pena probarlo y ver si nos sirve.
Vivimos tiempos rápidos, exigentes y muchas veces duros. La prisa, el estrés y la desconfianza nos han ido alejando de gestos simples de cercanía. Algo tan humano como el contacto se ha vuelto escaso. Y sin embargo, el cuerpo necesita ese contacto para sentirse seguro.
Un abrazo sostenido, de algunos segundos, ayuda a que el cuerpo se relaje. Nos permite respirar mejor, sentirnos acompañados y bajar el nivel de tensión. Por eso, ofrecer un abrazo puede ayudar mucho más de lo que imaginamos, y pedirlo a tiempo incluso puede salvar una vida.
No se trata de cualquier abrazo. Un abrazo sano es aquel que nace desde el cariño, el respeto y la presencia real. Puede venir de alguien cercano o, en algunos casos, de alguien que simplemente está disponible para acompañar, siempre que exista consentimiento y cuidado.
En la familia, en la pareja y entre amigos, los abrazos cumplen un rol muy importante. Son una forma silenciosa de decir: “estoy contigo”, “no estás solo”, “me importas”. Son pequeños gestos que fortalecen los vínculos y nos hacen sentir parte de algo.
También existen abrazos que vienen desde otras especies. Nuestras mascotas nos buscan, nos acompañan y nos entregan su forma de abrazo. Ese contacto con perros, gatos u otros animales también nos calma, nos conecta y nos hace sentir queridos. Ellos también necesitan ese cariño, y al darlo y recibirlo, ambos nos beneficiamos.
Y si hoy no tienes a alguien cerca, también puedes empezar por ti. Abrazarte a ti mismo, respirar profundo, detenerte un momento. Puedes abrazar a una mascota, a un árbol, o simplemente darte permiso para sentir y estar presente.
Hoy más que nunca, Chile necesita gestos que nos devuelvan humanidad. Menos dureza, más cercanía. Menos violencia, más cuidado. Menos distancia, más encuentro.
Que el abrazo sea un acto cotidiano de autocuidado, de cariño y de unión.
Hoy, un abrazo para Chile
Daniela Foster Muñoz
Orientadora Familiar
orientacoachlife@gmail.com
Deja una respuesta