
Sistema político

Por Nelson Retamales Tirado
El sistema político chileno es malo, sin duda, y es malo porque priman más los intereses políticos espurios, especialmente, de grupos pequeños que han hecho de la política, su negocio.
El gobierno actual, a través del Ministro del Interior, ha impulsado una reforma que, dada la urgencia en aprobarla, contaba con un respaldo transversal suficiente y habiendo sido ya, aprobada la idea de legislar por la Comisión de Gobierno Interior, todo hacía presumir que sería un gran paso -y un legado valioso del actual gobierno- empero, el ejecutivo le retiró la urgencia con el pretexto de dar paso a una mesa técnica a la que se le encargaría hacer algunas modificaciones -¿presión interna?- y que debiera funcionar en febrero -mes de feriado legislativo- dificultando a su aprobación en el escaso tiempo que, en marzo, resta del actual Congreso.
El hecho que se haya postergado la discusión para marzo y de existir 54 indicaciones al proyecto, nos lleva a prever que no se aprobará y, por tanto, no se despachará a ley, en el actual período.
Sin duda que, estamos en presencia de un error no forzado del gobierno que, incluso su propia gente criticó pues era una discusión que venía de mucho y se había logrado afinar detalles sensibles, pero los escasos votos de los denominados partidos chicos, con miras a evitar su desaparición, enredaron el trámite y es muy posible que la discusión quede para el próximo Congreso, lo que podría provocar más demora, pues los muchos nuevos parlamentarios vienen con otras ideas y, si bien las fuerzas están equiparadas, no es descartable que partidos grandes -especialmente del socialismo democrático- que mañana serán oposición, terminen alineándose con aquellos que quieren cambios más profundos y, finalmente, los partidos chicos terminen igualmente desapareciendo, lo que, a no dudarlo, sería una excelente noticia.
No es bueno que el gobierno impulse un proyecto y no sea capaz de generar un clima de discusión entre los suyos, entre los cuales abundan partidos chicos con intereses grandes, que coadyuvan a la nociva fragmentación que tanto afecta la gobernabilidad, especialmente, por cálculos mezquinos. Por ello, el umbral original del 5% de los votos válidamente emitidos a nivel nacional para que los partidos políticos puedan acceder a la distribución cargos en el parlamento, no debe variar, habida consideración que, los que consigan elegir ocho parlamentarios, puedan eludir la norma.
Es absolutamente necesario que haya reglas serias para la formación y financiamiento de partidos políticos, que se rechace a los díscolos que provocan remezones internos y desequilibrios inesperados, alterando la voluntad popular y poniendo confusión a acuerdos de bancadas, en beneficio personal.
Igual me parece que sería prudente agregar una norma que prohíba a aquellos que han sido elegidos popularmente, puedan asumir cargos de gobierno, pues también afectan la soberanía popular, que pertenece al pueblo, y no a unos pocos privilegiados.
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