
Prevención del abuso en las relaciones humanas: cuando el cuidado es una responsabilidad compartida

Por Daniela Foster – Orientadora Familiar Sistémica
orientacoachlife@gmail.com
Hablar de abuso en las relaciones humanas no es sencillo. No porque sea un tema lejano, sino porque muchas veces está demasiado cerca: en la pareja, en la familia, en el trabajo, en la crianza, incluso en la forma en que nos hablamos a diario. La prevención, más que una reacción tardía, es una forma de mirar y cuidar los vínculos antes de que el daño se instale.
Desde una mirada sistémica, que entiende a las personas como parte de redes de relaciones, el abuso no ocurre en el vacío. Se desarrolla dentro de dinámicas relacionales, se sostiene en silencios compartidos y se normaliza cuando nadie se atreve a nombrarlo.
El dominio relacional: cuando uno manda y el otro se adapta.
En toda relación existen diferencias, pero cuando una de las personas comienza a dominar la relación, decidiendo, controlando, invalidando o imponiendo, se rompe el equilibrio. El dominio relacional no siempre es evidente: puede aparecer como ofrecimiento de “protección”, “preocupación excesiva” o “autoridad incuestionable”.
La prevención comienza cuando entendemos que una relación sana no necesita que alguien tenga más poder que el otro, sino acuerdos, respeto y reconocimiento mutuo.
El secreto interpersonal: lo que no se puede contar.
Uno de los grandes aliados del abuso es el secreto interpersonal. Frases como “esto queda entre nosotros”, “no lo cuentes”, o “nadie te va a creer” aíslan a la persona y la dejan sin apoyo.
Cuando una relación exige silencio constante, cuando hablar genera miedo o culpa, estamos frente a una señal de alerta. Lo que no se puede decir, suele ser lo que más daño hace.
Integrar el miedo: escuchar lo que el cuerpo advierte
El miedo no siempre paraliza; muchas veces avisa. Sensaciones de incomodidad, angustia, tensión o confusión son formas en que el cuerpo comunica que algo no está bien. Sin embargo, culturalmente se nos ha enseñado a callar el miedo, a justificarlo o a sentir vergüenza por él.
Prevenir el abuso implica integrar el miedo como una señal válida, no como una debilidad. Escucharlo a tiempo puede evitar daños mayores.
Control sistémico: cuando el entorno también participa
El control no siempre lo ejerce solo una persona. A veces es el entorno el que refuerza el abuso: familias que minimizan, instituciones que no escuchan, culturas que normalizan la violencia o el maltrato.
Este control sistémico opera cuando se resta importancia a lo que alguien vive, se responsabiliza a la víctima o se protege al agresor por su rol, prestigio o autoridad. La prevención requiere entornos que protejan a las personas, no a las conductas abusivas.
El lenguaje también puede abusar
Las palabras importan. Los excesos y lenguajes inapropiados —humillaciones, burlas, amenazas veladas, descalificaciones constantes— erosionan la dignidad y preparan el terreno para otras formas de abuso.
Cuando el lenguaje hiere, controla o invalida, deja de ser comunicación y se convierte en violencia. Prevenir también es cuidar cómo hablamos y cómo permitimos que nos hablen.
Parentalidad y prevención: educar para el buen trato
La prevención del abuso comienza temprano. En la parentalidad, enseñar límites claros, respeto, escucha y validación emocional es una forma concreta de protección. Los niños y niñas que crecen en ambientes donde pueden expresar miedo, decir “no” y ser escuchados, tienen más herramientas para cuidarse en el futuro.
Criar sin miedo no es criar sin normas, sino criar sin violencia, humillación ni silencios forzados.
Para cerrar
Prevenir el abuso en las relaciones humanas no es exagerar ni desconfiar de todo. Es aprender a reconocer dinámicas dañinas, validar las señales tempranas y construir vínculos donde el poder no oprima, el silencio no encierre y el miedo pueda ser escuchado.
La prevención no empieza cuando hay una denuncia. Empieza cuando cuidamos la forma en que nos relacionamos.
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