
CUANDO LA CALLE EDUCA
Hay una pregunta que como familia debemos atrevernos a hacernos: cuando un niño o adolescente realiza una conducta peligrosa, agrede a otra persona o pierde el respeto por los demás, ¿dónde están los adultos que deben acompañarlo?
No se trata de culpar a las familias por cada error de sus hijos. Nadie nace sabiendo ser padre o madre y educar hoy es una tarea difícil. Pero tampoco podemos seguir justificando todo.
A veces confundimos amar con permitir.
“Es sólo un niño”.
“Son cosas de jóvenes”.
“Todos lo hacen”.
Y poco a poco, comenzamos a normalizar conductas que deberían preocuparnos.
La familia es el primer lugar donde aprendemos a convivir. Es allí donde un niño debería aprender a respetar, escuchar, reconocer un error y entender que sus actos tienen consecuencias.
Poner límites no significa dejar de amar. Muchas veces es exactamente lo contrario.
Decir “esto no está bien” puede evitar que mañana alguien tenga que decirle lo mismo en circunstancias mucho más difíciles.
Hoy muchos padres están cansados, trabajan largas jornadas y enfrentan múltiples preocupaciones. Es comprensible. Pero educar no es solamente dar comida, ropa y un lugar donde dormir. También es conversar, observar, preguntar, corregir y estar presentes y ABRAZAR.
Porque cuando la familia deja vacíos esos espacios, otros comienzan a educar: las redes sociales, los amigos o la calle.
No necesitamos padres perfectos. Necesitamos adultos responsables.
Adultos capaces de escuchar, pero también de corregir.
De comprender, pero también de poner límites.
De amar, sin justificar lo injustificable.
Tal vez deberíamos preguntarnos más seguido:
¿Estoy realmente acompañando la vida de mi hijo o sólo estoy observando cómo crece?
Porque educar no es controlar cada paso.
Educar es estar presentes antes de que sea demasiado tarde.
La orientación familiar aborda estas situaciones no desde el individuo, sino desde las relaciones humanas, el secreto está en cómo nos comunicamos, como abordamos las emociones entre la familia, los espacios que hacemos consciente para escucharnos, las habilidades socioemocionales que se aprenden en el hogar influyen en la manera en que nos relacionamos y gestionamos los conflictos fuera de la familia.
Daniela Foster Muñoz
Orientadora Familiar – Relaciones Humanas
Para orientación, consultas me puedes escribir aquí en diario el labrador
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www.diariolabrador.cl/ Columna : DANIELA FOSTER
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