
La infancia no necesita guerras, necesita vínculos.
El cuento del árbol dividido
Había una vez un pequeño árbol que crecía entre dos grandes ramas.
Durante años recibió agua, luz y cuidados desde ambas. Pero un día las ramas comenzaron a enfrentarse. Cada una decía tener la razón y, poco a poco, comenzaron a contarle al pequeño árbol una historia diferente sobre la otra.
El árbol escuchaba.
No sabía a quién creer.
Intentaba inclinarse hacia un lado para no hacer daño al otro, pero mientras los adultos discutían, sus raíces comenzaban a debilitarse.
Hasta que un día alguien preguntó:
¿Y qué necesita el árbol?
Todos guardaron silencio.
Porque habían estado tan preocupados de demostrar quién tenía la razón que habían olvidado mirar aquello que verdaderamente necesitaba ser protegido.
El árbol no necesitaba elegir una rama. Necesitaba raíces fuertes, cuidado y seguridad.
Nuestros niños también.
Desde una perspectiva sistémica, no podemos mirar solamente una conducta, una denuncia, un relato o un conflicto aislado o escuchar una parte, o peor hacer relato de un texto rol que hoy parecen hacer algunos en tribunales, sin ver caras, sin escucha activa, sin análisis profundo delicado. Debemos comprender la historia completa, el contexto, el ciclo vital, los vínculos significativos y, especialmente, escuchar la voz del niño o adolescente a veces implica ver más allá, es un rol de los verdaderos adultos y profesionales responsables de velar, registrar síntomas.
“Un niño no debería tener que elegir entre las personas que ama; necesita adultos capaces de cuidar su corazón su integridad biopsicosocial incluso cuando ellos ya no saben cómo cuidarse entre sí.”
Desde la mirada sistémica de la Orientación Familiar, ningún niño puede comprenderse de manera aislada, por documentos. Es parte de una historia, una familia y una red de vínculos que influyen en su desarrollo emocional, merece una intervención y mirada sistémica real.
Por eso debemos ser cuidadosos cuando se construyen narrativas que terminan descalificando o desvinculando a uno de sus progenitores. No se trata de defender a un padre o una madre, sino de preguntarnos: ¿qué impacto tiene esta decisión en la vida emocional del niño?
Una historia repetida muchas veces no necesariamente se transforma en verdad. Las instituciones y los adultos tenemos la responsabilidad de escuchar, observar, contrastar antecedentes y comprender el contexto familiar antes de tomar decisiones que pueden marcar profundamente la vida de un niño.
Esto tampoco significa mantener vínculos a cualquier costo. Cuando existe violencia o un riesgo real, debemos proteger. Pero cuando no existe evidencia suficiente, debemos preguntarnos si estamos protegiendo al niño o profundizando una herida.
¿Quién repara después una desvinculación?
Los niños no deberían ser mensajeros, jueces ni aliados en los conflictos de los adultos. Necesitan seguridad, estabilidad, escucha y vínculos emocionalmente saludables.
Prevenir también es proteger.
En este Mes de la Infancia, el desafío es mirar más allá de quién tiene la razón y preguntarnos: ¿qué necesita este niño?
Quizás la verdadera protección comienza cuando dejamos de imponerles nuestras narrativas y nos atrevemos a velar por el real interés superior del niño.
Porque cuidar la infancia también significa cuidar su historia, su identidad y sus vínculos.
La Orientación Familiar nos invita a mirar más allá del conflicto visible y comprender el sistema completo, fortaleciendo habilidades parentales, comunicación, regulación emocional y vínculos seguros.
Para conversar en familia
Si hoy nos sentáramos frente a nuestros niños y adolescentes y les preguntáramos:
“¿Qué necesitas de nosotros, los adultos, para sentirte seguro, amado y libre de nuestros conflictos?”
¿Seríamos capaces de escuchar su respuesta sin defendernos, sin justificar nuestras acciones y sin imponer nuestra propia narrativa?
Quizás allí comienza la verdadera protección de la infancia: cuando dejamos de escribir la historia por ellos y empezamos a construirla junto a ellos.
Daniela Foster Muñoz
Orientadora Familiar – Relaciones Humanas
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www.diariolabrador.cl/ Columna : DANIELA FOSTER
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