
No hay deuda que no se pague

Por Nelson Retamales Tirado
No hay deuda que no se pague ni plazo que no se cumpla, dice el refranero popular, de origen español y eso lo están viviendo en carne propia muchos chilenos que estudiaron con Crédito con Aval del Estado (CAE).
Tal crédito ha permitido a jóvenes seguir estudios superiores en busca de una mejora personal, de movilidad social que les permita subir de nivel socioeconómico y, hay que decirlo, cuando suscribieron el compromiso, sabían qué obligaciones contraían y a qué se exponían, pero bien valía el riesgo en consideración a los resultados que, para algunos no fue posible, básicamente por la imposibilidad de terminar sus carreras, ya no por falta de dinero, sino, por falta de las capacidades requeridas para satisfacer las exigencias universitarias que, aunque sea cruel, hay que decirlo, no todos las tienen.
¿Se imagina que todos tuviéramos educación universitaria? No habría quien hiciera las tareas intermedias y menores y, justamente, porque todos jóvenes de campo han buscado estudiar en las universidades, es que hoy, gracias a la tan resistida migración, hay gente que trabaje los campos. No es malo que lo hagan, pero deben tener en cuenta que, en los trabajos, también rige la ley de la oferta y la demanda y mientras más profesionales haya, menor será la posibilidad de encontrar el trabajo soñado y, el que encuentren, será mal remunerado y pueden sufrir hasta una frustración severa, con inciertos resultados.
¿Cuántos periodistas, abogados, ingenieros en administración y un largo etcétera, egresan cada año? Son miles y cada vez, resulta más difícil encontrar un buen puesto y se cae, lamentablemente, en el desprestigiado “pituteo” o nepotismo, que permite contratar a gente poco preparada para una función, pese a tener un título, “conseguido”, a veces, de mal modo.
Recuerdo a mi amigo Mario Alver Jarpa que escribió, ha muchos años -cuando había poca seriedad en las universidades privadas- que se obtenía un título, no por saber, sino, por estar al día en las cuotas. Hoy eso ha cambiado, aunque quedan algunas pocas universidades que sólo les interesa el negocio.
Hace pocos días, en una cuenta anual de una Corporación de Educación y Salud, rural, en la que soy director, una lámina del Power Point proyectada decía, “Educación superior para todas y todos”. Junto con advertir que faltaba “todes”, para completar el lenguaje inclusivo -en contra del que estoy por convicción y formación- hice la reflexión sobre el hecho que, si todos esos niños realmente fueran a la universidad, sería un caos familiar, económico y quizás, mental.
Pero bueno, “me fui en la volá” y me desvié del tema, -pero no soy un desviado, advierto- de modo que, volveré próximamente, pero dejo el esbozo.
Muchos que deben el CAE, le dieron la mayoría a Boric porque lo terminaría, algunos se titularon y ganan muy bien, pero nadie paga. La Tesorería General, está activando procedimientos para recuperar, al menos U$D 20 millones, de aquellos que hoy ganan más de $5 millones al mes. Una frescura que perjudica a quienes a esperan acceder.
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