

Validez de las encuestas

Por Nelson Retamales Tirado.
El pasado 17 de agosto se realizó la elección presidencial en el vecino Bolivia y, como es lógico, una de las protagonistas de ésta y de todas las elecciones, son las encuestas que vaticinan lo que podría ocurrir, aunque cada vez, son menos creíbles, pues varias de ellas obedecen a intereses de un sector determinado, con el fin de desorientar al votante, dándole a entender que tal o cual candidato es más fuerte.
Todos sabemos que, en Chile, una de las encuestadoras más recurridas por la prensa, tiene financiamiento del gobierno y, como es lógico, debe dársele el gusto al patrón, pero, de una forma elegante, es decir, que no se note la mano.
En el vecino país, Doria, el candidato oficialista lideraba las encuestas con el 21,2%, por lo que ya celebraban la continuidad del régimen actual; le seguía el candidato Quiroga, de la centroderecha con 20% y; muy atrás, con solo 8,3%, el democristiano Paz.
Finalmente, el tercer aspectado en las encuestas, resultó ser primero con un 32,2%; el segundo mantuvo en la ubicación con un 26,8%, pero el primero, bajó al tercer lugar con un 19,9% y quedó fuera de la segunda vuelta, dándole lugar a dos opositores y dejando fuera a la izquierda, luego de haber gobernado por 20 años.
El 19 de octubre, los bolivianos irán a una segunda vuelta sin prisa, sin temores, sabiendo que no habrá lucha ideológica por imponer tales o cuales doctrinas ya que, entre la centro derecha y la Democracia Cristina bolivianas, si bien hay diferencias, éstas no son sustanciales pues ambas creen en la vida, en la libertad, en la propiedad privada y otras cuestiones esenciales para una democracia, distinto de lo que ocurre acá, en que la DC se vendió por un par de cupos parlamentarios -ni siquiera con la seguridad de ganarlos- y mantener una relación espuria con el PC, en vez de ser repulsiva como sus principios e ideología lo dictan ya que, para el marxismo son “el suspiro de una criatura oprimida” y, finalmente, al cristianismo, como religión, lo consideran “el opio de los pueblos”.
En Chile, se da un escenario similar, aunque la realidad es distinta, pero, mi análisis de la elección del vecino país, apunta a que las encuestas adolecen de muchos errores y hay uno que no pueden pesquisar, como es, que el encuestado mienta para alterar la realidad o, simplemente, conteste si saber de qué se trata o, como ocurrió en Bolivia, que el bajo porcentaje de “No sabe, no contesta” que marcó de apenas un 13%, excedió con creces todo rango de margen de error, imposible de pesquisar.
Con las encuestas en Chile -muchas truchas, que obedecen intereses de quien las paga- no está todo dicho y, sin ser más papista que el Papa, de ocurrir la lógica que una carta en segunda vuelta sea la señora Jara -aunque con los problemas que ha tenido podría no serlo- nadie se ha fijado en que, el tercio que la acompaña, en verdad son dos medios tercios y, uno de ellos, es de espíritu democrático y, en el secreto de la urna, podría aplicar lo que dijo Tohá en la Primaria: “Yo no soy partidaria que el Partido Comunista gobierne el país“ (sic) y, nadie sabe si parte de ese medio tercio vota blanco o nulo, o le da un empujón a Matthei que, hasta ahora aparece tercera -pero subiendo- y no sería raro que se repita la experiencia boliviana.
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