

SER ENTRENADOR EN EL FÚTBOL FORMATIVO

Por Pablo Jara Quinteros
Profesor de Educación Física
Magister en Gestión deportiva
pablojaraquinteros@gmail.com
Hola, un gusto saludarlos nuevamente.
En mi constante interés por aprender y estudiar, quiero contarles que estoy finalizando un curso sobre dirección técnica de fútbol en menores. Hoy tuve una clase muy importante que se relaciona directamente con mi publicación anterior sobre psicología del deporte.
En esta ocasión quiero destacar la relevancia que tiene el entrenador de fútbol en la formación de niños y jóvenes, considerando su rol, sus funciones y la manera en que se comunica con ellos.
De acuerdo con lo señalado en este curso por la profesora Carolin Núñez, psicóloga deportiva, “la psicología en el deporte se utiliza hoy mucho más que antes, especialmente en el fútbol. Antiguamente, los entrenadores se limitaban a dar instrucciones, pero en la actualidad el perfil ha cambiado”. Hoy, un buen entrenador debe contar con conocimientos técnicos, tácticos, reglamentarios, físicos y psicológicos, integrándolos en la planificación de los entrenamientos de los niños en formación.
El entrenador, en su rol de formador, debe tener claros los objetivos deportivos y psicológicos. Necesita trabajar las individualidades, conocer a cada uno de sus jugadores, transmitir valores y principios, y adaptar su comunicación según la etapa de desarrollo en que se encuentren los niños. Una actitud positiva y optimista será siempre clave para fortalecer el vínculo entre entrenador y deportista.
Uno de los grandes objetivos del fútbol formativo es que los niños adquieran valores que los acompañen durante toda su vida. Deben aprender a disfrutar del deporte, a generar hábitos, a valorar el esfuerzo, el trabajo en equipo, la responsabilidad, la capacidad de superar dificultades, así como a compartir y relacionarse con los demás.
El entrenador formativo debe tener disciplina, dominio técnico, organización y planificación. Los niños perciben de inmediato cuando una clase no está preparada. También es esencial que posea habilidades comunicativas, entregando instrucciones claras, precisas y breves, especialmente a los más pequeños.
Más allá de lo deportivo, el entrenador debe procurar que los niños disfruten de cada ejercicio y de la interacción con sus compañeros, que jueguen para aprender. Su tarea está vinculada al desarrollo integral de los niños: guiarlos, acompañarlos, saludarlos cuando llegan, despedirlos al final, preguntar cómo se sienten y mantener una comunicación constante con ellos.
La comunicación juega aquí un papel esencial. Aun cuando el entrenador no hable, está transmitiendo mensajes con gestos y actitudes, ya que los niños son muy perceptivos. Por eso, debe ser consciente de lo que proyecta: ser un modelo disciplinado, hablar bien, usar un lenguaje adecuado, vestir ordenado, llegar antes que todos y preparar la clase con anticipación.
Asimismo, es importante que el entrenador genere instancias de interacción con padres, familias y compañeros, basándose en la confianza y el respeto mutuo. Para ello, necesita desarrollar habilidades emocionales, motivar constantemente, crear juegos lúdicos, dinámicos, novedosos y entretenidos que favorezcan el aprendizaje a través del disfrute.
Finalmente, no se debe olvidar que el entrenador debe incorporar el trabajo en valores dentro de cada planificación y cumplir sus objetivos tanto diarios, como mensuales y anuales. Hasta la próxima.
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