
DESARROLLO EVOLUTIVO DE LOS NIÑOS
Hola, ¿cómo están? Espero que se encuentren muy bien.
Hoy quiero compartir con ustedes una experiencia que marcó mi formación académica y profesional. Durante el desarrollo del Magíster en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, tuve la oportunidad de elaborar un programa compuesto por 30 sesiones de Educación Física dirigido a niños y niñas de entre 6 y 13 años.
Más allá de diseñar actividades entretenidas y acordes a la edad, este trabajo exigía comprender en profundidad las características del desarrollo evolutivo de los participantes. Solo conociendo cómo crecen, aprenden, piensan, sienten y se relacionan los niños es posible planificar experiencias de aprendizaje que realmente contribuyan a su desarrollo integral.
Para el autor Gallahue, Ozmun & Goodway (2012), el desarrollo biológico corresponde a los cambios físicos y neurológicos que permiten la maduración del organismo. Este proceso está regulado principalmente por la herencia genética y sigue patrones predecibles, como los principios cefalocaudal y próximo-distal, que explican la secuencia en que se adquiere el control corporal. La maduración constituye la base para el aprendizaje de habilidades motrices fundamentales como gatear, caminar, correr, lanzar y manipular objetos. Sin embargo, el desarrollo motor no depende únicamente de la maduración, sino también de la interacción permanente entre el individuo, el ambiente y las oportunidades de práctica (Stodden et al., 2008).
El desarrollo social hace referencia al proceso mediante el cual las personas aprenden normas, valores y formas de convivencia dentro de los diferentes contextos en los que participan. El autor Bronfenbrenner (1987), plantea que el desarrollo está influido por múltiples sistemas ambientales, como la familia, la escuela, la comunidad y la cultura. Durante los primeros años de vida, el vínculo afectivo con los cuidadores favorece la seguridad emocional y el desarrollo de la personalidad. Posteriormente, las relaciones con los pares adquieren una importancia creciente, especialmente durante la adolescencia, etapa caracterizada por la construcción de la identidad personal (Erikson, 1968).
El desarrollo cognitivo comprende la evolución de procesos como la atención, la memoria, el lenguaje y el razonamiento. Piaget (1977) explicó que los niños avanzan por diferentes etapas del desarrollo intelectual hasta alcanzar el pensamiento lógico y abstracto. Por su parte, el autor e investigador Vygotsky (1978), destacó que el aprendizaje ocurre mediante la interacción social y el acompañamiento de adultos o compañeros más competentes, concepto conocido como la Zona de Desarrollo Próximo, que resalta la importancia del contexto educativo en el desarrollo intelectual.
El desarrollo afectivo engloba las emociones, actitudes, valores y sentimientos que permiten a las personas comprenderse a sí mismas y establecer relaciones positivas con los demás. En este ámbito, la educación física y el deporte constituyen herramientas privilegiadas para fomentar el respeto, la cooperación, la responsabilidad, la empatía y la perseverancia. Además, la práctica sistemática de actividad física favorece la autoestima, el bienestar psicológico y la adaptación social, convirtiéndose en un medio eficaz para la formación integral de niños, jóvenes y adultos (Gallahue et al., 2012).
En conclusión, el desarrollo humano debe comprenderse como un proceso integral donde las dimensiones biológica, social, cognitiva y afectiva evolucionan de manera simultánea e interdependiente. La labor de la familia, la escuela y los profesionales de la educación física resultan ser fundamentales para ofrecer experiencias de aprendizaje que favorezcan un desarrollo equilibrado y una mejor calidad de vida durante todas las etapas del ciclo vital. Saludos
Pablo Jara Quinteros
Profesor de Educación Física
Magister en Gestión deportiva
pablojaraquinteros@gmail.com
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