
Cuando el conflicto educa: la fuerza de la comunicación asertiva en la familia.

Por Daniela Foster – Orientadora Familiar Sistémica
orientacoachlife@gmail.com
En una familia, Laura y su hija Sofía discutían porque Sofía no había ordenado su habitación.
Laura estaba molesta y lista para retarla, pero Sofía habló primero:
—Mamá, entiendo que te enojes. Hoy me siento cansada y me costó organizarme. No quise desobedecerte. ¿Te parece si la ordeno después de descansar treinta minutos?
Laura respiró y respondió con más calma:
—Gracias por decírmelo así. Está bien, pero necesito que cumplas tu palabra.
No hubo gritos ni castigos. Solo una petición clara, respeto y un acuerdo.
Y en esa casa entendieron que la comunicación asertiva no evita el conflicto, pero sí lo transforma en entendimiento.
En muchas casas la escena es conocida: una madre cansada, una habitación desordenada y una discusión que parece inevitable. Sin embargo, a veces, en medio de esa tensión cotidiana, surge una oportunidad de aprendizaje.
Laura estaba molesta porque su hija Sofía no había ordenado su habitación. Estaba lista para retarla cuando Sofía tomó la palabra:
—Mamá, entiendo que te enojes. Hoy me siento cansada y me costó organizarme. No quise desobedecerte. ¿Puedo ordenarla después de descansar treinta minutos?
Laura respiró antes de responder:
—Gracias por decírmelo así. Está bien, pero necesito que cumplas tu palabra.
No hubo gritos. No hubo castigos. Hubo algo más poderoso: claridad, respeto y un acuerdo.
Esta breve escena muestra un principio fundamental de la orientación familiar sistémica: el conflicto no es el enemigo. Lo que daña no es la diferencia, sino la manera en que la gestionamos. En toda familia, cada conducta es parte de una dinámica relacional; lo que uno hace impacta en el otro y viceversa. Cuando respondemos desde la reacción impulsiva, alimentamos un ciclo de tensión. Cuando respondemos desde la conciencia, transformamos ese ciclo.
La comunicación asertiva no significa evitar el conflicto ni suprimir emociones. Significa expresar lo que sentimos y necesitamos de manera clara, directa y respetuosa. Sofía no negó la norma ni desafió la autoridad; reconoció la emoción de su madre y explicó su propio estado. Laura, por su parte, validó la forma en que su hija se expresó y sostuvo el límite con firmeza.
En términos sistémicos, ambas cambiaron la pauta habitual de confrontación. En lugar de escalar el desacuerdo, regularon la interacción. Cuando una persona modifica su respuesta, todo el sistema familiar se reorganiza.
Para llegar a un diálogo asertivo es necesario, primero, reconocer el estado emocional del otro, propio y saber que no tenemos un enemigo al frente. Si alguien está ofuscado, entrar en la misma intensidad solo amplifica el conflicto. La autorregulación es clave: lo primero y más importante es respirar, hacer una pausa y elegir cómo responder… esta actitud va fortaleciendo tu autoestima, cada día eres más consciente de tus emociones, a su vez tu cuerpo y cerebro se va moldeando por las experiencias, de forma positiva si eliges la comunicación asertiva.
Las personas tendemos a calmarnos cuando nos sentimos escuchadas, validadas. La escucha activa no implica estar de acuerdo en todo, sino reconocer la experiencia del otro, decir “entiendo que estés molesto” no es rendirse; es abrir un puente, actitud de escucha.
La orientación familiar sistémica nos recuerda que en la familia nadie actúa en el vacío. Cada palabra construye clima emocional. Cada reacción puede perpetuar un patrón o inaugurar uno nuevo.
¿Y Tu como resolviste tu último conflicto, que emoción sentiste?
Daniela Foster Muñoz
Orientadora Familiar
orientacoachlife@gmail.com
Deja una respuesta