
CUIDAR NUESTRAS RODILLAS:
Movimiento, fuerza y prevención frente a la artrosis.
La rodilla es una de las articulaciones más complejas y exigentes de nuestro cuerpo. Soporta nuestro peso, nos permite caminar, correr, subir escaleras y mantenernos activos en el día a día. Sin embargo, con el paso de los años —o debido a sobrecargas, lesiones pasadas y el desgaste natural— es común que aparezca un visitante incómodo: la artrosis.
La artrosis de rodilla (o gonartrosis) se produce por el desgaste progresivo del cartílago, ese tejido amortiguador que recubre los extremos de los huesos. Cuando este cartílago disminuye, los huesos pueden rozar entre sí, generando dolor, rigidez y limitando nuestra movilidad.
La buena noticia es que el peor enemigo de la artrosis es el sedentarismo. Aunque el dolor a veces nos invite a no movernos, la evidencia médica demuestra que el ejercicio físico bien guiado y una correcta prevención son las mejores medicinas para proteger y fortalecer nuestras rodillas.
¿Por qué el movimiento es clave?
Muchas personas piensan que al desgastarse la rodilla hay que «guardar reposo absoluto». Es un error. Las articulaciones no tienen vasos sanguíneos directos; se nutren a través del movimiento, como una esponja que absorbe líquido sinovial (el lubricante natural) cada vez que la doblamos y estiramos. Movernos fortalece los músculos que rodean la rodilla —especialmente el cuádriceps y los glúteos—, los cuales actúan como un «escudo protector» que absorbe los impactos y quita presión directa a la articulación.
Martin Salazar González
Kinesiólogo
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