Los bolsillos y el tiempo
Nelson Retamales Tirado
Dicen que, los bolsillos y los relojes, nunca andan iguales y las razones, son -excepto para aquellos que tienen teléfonos inteligentes- la calidad del trabajo y la calidad del reloj.
Aunque como está la situación, en una gran mayoría podríamos encontrar los bolsillos iguales, ya que las remuneraciones mensuales, que se entienden como una contraprestación del mes anterior y para financiar el mes entrante, no duran más de la primera semana y, a partir de ahí, andan todos sin un peso, haciendo gala de aquello de nivelar para abajo y lo que es peor, endeudándose para algo tan básico, como es alimentar la familia.
Agreguemos el hecho de la enorme cesantía -la más alta de América Latina y la segunda de los países OCDE- y el anuncio de que habrá recortes de personal en algunos servicios públicos y también en beneficios sociales, lo que agravará todavía más, el actual mal momento y recargará la obligación del Gobierno, de entregar medidas paliativas para que los más carentes, tengan al menos, algo qué comer.
Se dice que se revisarán las entregas PGU, la gratuidad de la educación y el comportamiento del pago de la deuda CAE, pero, ya hay voces que se han puesto en contra, porque iría contra la doctrina de los derechos adquiridos, los cuales no son posibles de quitar por haber profusa jurisprudencia al respecto, pero en este punto me quiero detener.
Se está hablando de control al fraude social y me parece muy sano que se haga porque, me consta, hay estudiantes que gozan de gratuidad, obtenida ésta, a base de engaños incluyendo documentos soportantes, porque es muy simple declarar bajo juramento que tienen necesidades debido a la mala conformación familiar o una situación deficitaria del grupo, es más, son capaces de, hasta demandar de alimentos a su padre para darle realismo al drama, que definitivamente, no es tal pues son escenarios creados ex profeso para defraudar. Hecha la norma, hecha la trampa.
Con decirle que, tuve compañeros de universidad que llegaban en auto, bien vestidos y bien comidos -agreguemos que, bien tomados- y gozaban de gratuidad en el arancel y, para colmo, les otorgaban beca de alimentos, cuestiones que nunca tuve. Indudablemente, mediaba el engaño porque bien dicen que, el que más tiene, más mezquino se pone.
Ahora, la Tesorería General, debe perseguir a aquellos que estudiaron con crédito el que, al no pagarlo, debe responder el Fisco, perjudicando a otros que en verdad necesitan ese apoyo.
Lo mismo pasa con personas que están recibiendo la PGU, no necesitándola ni reuniendo los requisitos para obtenerla y así, tantos otros beneficios de los denominados sociales, que están mal aplicados porque, a decir verdad, quienes los otorgan han actuado con entera laxitud, perjudicando a quienes, en verdad, los necesitan.
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