
Aprender a mirar nuestros propios logros
Una reflexión desde la Orientación Familiar
Había una vez un niño que llegó a casa triste porque algo no le había resultado como esperaba. No me resultó dijo con los ojos bajos. Su madre se sentó a su lado y le preguntó: ¿Qué fue lo más difícil?
El niño habló de sus miedos, de las veces que quiso abandonar y de todo aquello que había tenido que aprender. Entonces su madre le dijo: Quizás hoy estás mirando solamente aquello que no lograste. Yo estoy mirando todo lo que tuviste que aprender para llegar hasta aquí.
Aquel niño comprendió que un logro no siempre significa alcanzar una meta. A veces, el verdadero logro está en volver a intentarlo, pedir ayuda, superar un miedo, aprender algo nuevo o simplemente no rendirse.
Mirar lo que sí hemos logrado
Muchas veces vivimos pendientes de aquello que nos falta. Nos comparamos, nos exigimos y miramos lo que otros han conseguido, olvidando reconocer nuestro propio camino. Desde la Orientación Familiar, considero fundamental enseñar a nuestros niños y también a nosotros mismos a valorar sus avances.
No debemos celebrar solamente las grandes metas, como una buena nota, un premio o una competencia. También debemos reconocer esos pequeños logros que muchas veces pasan desapercibidos: aprender a expresar lo que sentimos, pedir ayuda, relacionarnos mejor, superar una dificultad, confiar nuevamente o atreverse a intentar algo que antes nos daba miedo.
Por eso, un niño no necesita escuchar únicamente:
“¡Qué bien lo hiciste!”
También necesita escuchar:
“Vi cuánto te esforzaste.”
“Sé que te costó.”
“Me di cuenta de que no te rendiste.”
“¿Qué aprendiste de esta experiencia?”
Estas palabras ayudan a construir una autoestima basada no solo en los resultados, sino también en el esfuerzo, el aprendizaje y la perseverancia.
Podemos comenzar con algo muy sencillo: apagar por un momento las pantallas, sentarnos juntos y preguntar:
“¿Qué fue algo que te costó mucho y que hoy puedes reconocer como un logro, aunque sea pequeño?”
Y esta reflexión también es para nosotros, los adultos.
¿Cuántas veces reconocemos los logros de los demás, pero somos demasiado exigentes con nosotros mismos?
Quizás necesitamos cambiar la pregunta “¿qué me falta?” por otras como:
“¿Cuánto he avanzado?”
“¿Qué he superado para llegar hasta aquí?”
“¿Qué he aprendido en el camino?”
Reconocer nuestros logros no significa negar las dificultades ni romantizar el dolor. Significa mirar nuestra historia con mayor conciencia y reconocer las fortalezas que hemos desarrollado a lo largo del camino.
Porque nuestros hijos necesitan aprender algo esencial: su valor no depende solamente de lo que consiguen, sino también de la persona que están construyendo mientras avanzan hacia sus metas.
A veces, el logro que más necesitamos reconocer no es el que aparece en un diploma o recibe un aplauso.
Es simplemente haber seguido adelante, que importante es esta conversación hacerla consciente, estas sembrando raíz emocional para la vida de tu hijo, hija.
Daniela Foster Muñoz
Orientadora Familiar – Relaciones Humanas
Para orientación, consultas me puedes escribir aquí en diario el labrador
naturalnutrabienestar@gmail.com
www.diariolabrador.cl/ Columna : DANIELA FOSTER
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