
«La falta de ética y el pésimo servicio al cliente»
Por: Marco Antonio Ramírez Mobarec
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Estimados lectores.
La «ética comercial» no es un conjunto de normas externas que cumplimos por obligación.
Sino que es una actitud interna que guía nuestras decisiones cuando nadie está mirando.
Esto implica «cumplir lo prometido», tratar a todos con dignidad, ya sean clientes, proveedores, empleados y renunciar a oportunidades si implican comprometer nuestros principios.
En esencia, es ser coherente entre lo que se vende y cómo lo vende, y además con lo que se promete.
Aplicada a las ventas, la ética comercial significa no ofrecer lo que no se puede cumplir, aunque eso suponga perder un cierre.
No manipular las emociones del cliente para provocar una compra impulsiva.
No exagerar beneficios ni ocultar limitaciones del producto.
Respetar los tiempos del cliente sin presionarlo con tácticas agresivas.
Un vendedor ético no busca solo cerrar ventas, sino que construye relaciones sostenibles.
Porque, como decía Warren Buffett, “Se necesitan 20 años para construir una reputación y cinco minutos para «arruinarla».
Si se piensa en eso, se harám las cosas de manera diferente.
Hay quien cree que la «ética en los negocios» es una desventaja, y que ser honesto ralentiza los resultados.
Pero ocurre justo lo contrario.
Las empresas con principios sólidos generan más confianza, atraen mejor talento y fidelizan a sus clientes.
En un entorno donde todo puede copiarse, ya sean precios, campañas, productos.
La ética es el único elemento que no puede imitarse.
Piénsenlo así, y verán que pueden cambiar de discurso de ventas o de canal de marketing.
Pero si no saben cuál es el límite, y si no saben qué no están dispuesto a hacer para cerrar una venta, lamentablemente cualquier estrategia será frágil.
Porque cuando llegan los momentos difíciles, ya sea de una una crisis, un error, una queja, lo que se sostiene no es la habilidad, es el carácter.
Lamentablemente en ésta ocasión me refiero a la jefa de sección de electro, y la gerenta de Paris sucursal Melipilla, Jovita Mella Arce y la encargada del SAC de «Máster G Chile», Jimena Rodríguez, las cuales han traspasado las normas legales, y solo han hecho un tremendo daño, mintiendo a un cliente de la tercera edad el cual confío en ellas, y ésto sucedió en la tienda Paris de Melipilla y también en complicidad con el SAC de la marca Master G Chile ubicada en la comuna de Huechuraba.
Un hecho totalmente denigrante.
Ojalá que se tenga un poco de dignidad y se cumpla con lo prometido y con lo que corresponde.
Las cosas como son…!
Hasta la próxima semana.
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