
ÉTICA EN LA GESTIÓN DEPORTIVA
Hola, un gusto saludarles nuevamente. He estado analizando el mundial de fútbol, sobre todo en su organización. Luego he analizado el cómo se organiza y gestiona un mundial, un campeonato, un evento deportivo masivo, ya sea de atletismo, de gimnasia, de natación, etc. Y luego llego a la conclusión de cuán importante es actuar con integridad, equidad y responsabilidad frente a deportistas, entrenadores, dirigentes, patrocinadores y la comunidad en general. Y es aquí donde encuentro un valor muy necesario: La Ética, ya que para mí es uno de los pilares fundamentales sobre los que se construye una gestión deportiva responsable, transparente y orientada al bienestar de las personas. En un contexto donde el deporte moviliza importantes recursos económicos, sociales y humanos, resulta imprescindible analizar cómo se toman las decisiones y cuáles son los valores que las sustentan.
En el ámbito deportivo, la gestión no solo implica planificar, organizar y administrar recursos para alcanzar objetivos institucionales. También supone asumir una responsabilidad que dirija y oriente cada decisión y acción dentro de las organizaciones deportivas. En un entorno cada vez más profesionalizado y competitivo, la ética se convierte en un elemento fundamental para garantizar la credibilidad, la transparencia y el desarrollo sostenible del deporte.
Robert L. Simon (2010), en su libro Fair Play: The Ethics of Sport (Juego limpio: la ética del deporte), en su tercera edición, nos dice que el deporte posee un valor moral intrínseco, ya que promueve la búsqueda de la excelencia a través del respeto por las reglas y por los demás participantes. Según el autor, “el verdadero significado del deporte se encuentra en la competencia justa y en el respeto por los principios que le dan sentido”. Desde esta perspectiva, la gestión deportiva debe estar guiada por valores como la honestidad, la justicia, la responsabilidad y la integridad.
Y en la gestión deportiva, la ética se puede observar en muchos aspectos de la administración. Por ejemplo, en la utilización transparente de los recursos económicos, en la igualdad de oportunidades para los deportistas, en el respeto por los trabajadores de la organización y en la toma de decisiones orientadas al bien común. Como señalan los autores Barr y Hums (2019), los gestores deportivos enfrentan constantemente desafíos éticos relacionados con la gobernanza, la rendición de cuentas y la responsabilidad social de las instituciones deportivas.
La presencia de conductas como la corrupción, el dopaje, la discriminación o la manipulación de resultados demuestra la importancia de fortalecer la formación ética de quienes participan en la gestión deportiva. Frente a estos desafíos, los dirigentes y gestores tienen la responsabilidad de promover una cultura organizacional basada en valores, donde el cumplimiento de las normas vaya acompañado de un compromiso genuino con la integridad.
En definitiva, la ética no debe considerarse solo un complemento de la gestión deportiva, sino uno de sus pilares fundamentales. Como afirma el mismo autor Simon (2010), el valor del deporte no depende únicamente de quién gana o pierde, sino de la manera en que se desarrolla la competencia y de los principios que orientan su organización. Gestionar con ética significa contribuir a un deporte más justo, transparente y humano, capaz de generar en el club u organización deportiva, beneficios no solo para quienes participan en él, sino también para la sociedad y comunidad en su conjunto. Así debe ser.
Vamos mi querido y herido Deportes Melipilla, a levantase una vez más. Melipilla quiere verte en la cancha y luciendo tu hermosa camiseta blanca. Blanca de transparencia y de sueños. Hasta la próxima.
Pablo Jara Quinteros
Profesor de Educación Física
Magister en Gestión deportiva
pablojaraquinteros@gmail.com
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