
Educación Cívica

Por Nelson Retamales Tirado
Dicen que todo tiempo pasado fue mejor y recuerdo que en la malla curricular de educación media, había un ramo denominado Educación Cívica que nos enseñaba cuestiones simples pero necesarias respecto del andar del país y uno comprendía la trama de gobierno; de cómo se originaba el poder; qué era y como se calculaba una cifra repartidora en las elecciones; el sustento de la nación; los poderes del Estado y el rol de cada uno; quienes eran ciudadanos y cómo engranaban en el sistema político, etc.
Tan importante fue para mí, que era uno de mis ramos preferidos y que, luego, me empujó a estudiar ciencias políticas. Hice mi servicio militar como estudiante -obligado al principio- y el segundo día, preguntaron a la Compañía quiénes eran chilenos y ninguno de los cien estudiantes contestó y, cuando se nos iba a castigar, levanté mi mano y dije lo que había aprendido en el colegio. Nos salvamos y me gané el primer ascenso, directo a cabo primero, lo que, quienes conocen el sistema, saben lo que significa.
En Educación Cívica aprendí -y luego profundicé- que, jamás de los jamases, el otorgamiento de visas o permisos de ingreso a un país, sean de trabajo, estudio, turismo o cualesquiera otras -todas las que, por la naturaleza de la estada, tienen requisitos especiales- dependen de un acuerdo, sino, de una concesión graciosa del país huésped, por tanto, unilaterales, aunque en el mundo globalizado de hoy y tratándose de estadías cortas, casi no se exigen, aunque sí se hace con los ciudadanos de países que se consideran peligrosos.
¿Quién establece la peligrosidad del país? Obviamente el país anfitrión por una simple razón casi doméstica: cada persona tiene el derecho a no aceptar en su casa, a gente que no le es de su agrado. Es como en el restaurante que, al ingresar, se lee “Reservado el derecho de admisión”, aunque me parece de dudosa legalidad, por ser un lugar público.
En estos días, el gobierno norteamericano ha limitado el ingreso a tres altas autoridades chilenas quitándole el derecho a visa, a ellas y a sus familiares cercanos y, las que la tienen, les han sido revocadas.
El gobierno ha reaccionado calificando la medida como “arbitraria, unilateral y sorpresiva”, y de un breve análisis -sin pretensión alguna- tenemos que, efectivamente, es sorpresiva pues nadie la esperaba pero, en cuanto a arbitraria, habría que estarse a cuáles son las facultades que el ordenamiento jurídico norteamericano le otorga a sus autoridades y qué “derecho al pataleo” le otorga a los afectados, de modo que, si actúan dentro del marco jurídico propio, están lejos de ser arbitrarias y, la unilateralidad, es de la esencia del permiso que se concede para el ingreso a un país, de lo cual tenemos amargas experiencias, pues a quienes han ingresado “a la mala” al nuestro, buscan regularizarlos.
No obstante, comparto el sentimiento, pues valiéndose de su superioridad, están afectando a autoridades chilenas que, con buena o mala fe, habrían hecho negocios con un eventual opositor de EE. UU.
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