
Fiambrería Patagua, Melipilla 1990.
A comienzos de la década de 1990, el comercio local en Melipilla vivía una etapa de transición. Mientras las grandes cadenas comenzaban a expandirse en el país, los negocios de barrio seguían siendo el corazón del abastecimiento cotidiano y del encuentro social. La Fiambrería Patagua fue uno de esos espacios emblemáticos, donde más que vender productos, se construían relaciones de confianza entre comerciantes y vecinos.
En aquellos años, las fiambrerías cumplían un rol clave en la economía familiar. Allí se adquirían embutidos, quesos, conservas y productos básicos que complementaban las compras del mes. El trato era directo, cercano y personalizado; el fiado aún era parte de la dinámica comercial y el mostrador representaba un punto de conversación permanente sobre la actualidad local.
El entorno urbano de Melipilla también comenzaba a transformarse. La modernización del retail avanzaba lentamente hacia comunas intermedias, pero todavía predominaban los almacenes y negocios especializados que daban identidad a cada barrio. Estos locales eran, además, espacios de aprendizaje laboral para nuevas generaciones y un reflejo del esfuerzo emprendedor que caracterizó a muchas familias melipillanas.
Mirar hoy esta escena es volver a una época donde el comercio tenía rostro y nombre propio. La Fiambrería Patagua no solo formó parte del paisaje urbano de 1990, sino también de la memoria colectiva de una ciudad que crecía, cambiaba y mantenía intacta su esencia comunitaria.
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