
LA CHILENA: UNA PIRUETA QUE DESAFÍA LA GRAVEDAD
Hola. Cómo están. Hay jugadas que valen un campeonato y otras que valen historias y recuerdos. Entre estas últimas está esa maniobra aérea que obliga al público a levantarse del asiento, incluso antes de que el balón toque la red. No es un pase elegante ni un disparo potente desde fuera del área. Es un salto de espaldas, una decisión tomada en una fracción de segundo y ejecutada con una coordinación casi imposible: la chilena.
En esencia, se trata de LA CHILENA, un gesto técnico complejo, en donde el futbolista calcula la trayectoria del balón, se impulsa hacia atrás, eleva ambas piernas y, suspendido en el aire, conecta el remate antes de caer al suelo. Todo ocurre en apenas segundos. Sin embargo, en ese tiempo comprimido conviven fuerza, flexibilidad, coordinación, intuición y valentía. No cualquiera se atreve a intentarla, no cualquiera logra impactarla con limpieza.
Su origen, como suele suceder con las grandes historias del fútbol, está envuelto en versiones cruzadas. En Chile, particularmente en Talcahuano, se atribuye su difusión a Ramón Unzaga, futbolista de comienzos del siglo XX que defendió al club Estrella de Mar y más tarde a la selección nacional. Se cuenta que por el año 1914 ya sorprendía con ese recurso inusual y que con el tiempo comenzó a identificar a los jugadores chilenos en competencias internacionales.
La tradición señala que, tras presentaciones en Buenos Aires durante los torneos sudamericanos de 1916 y 1917, la prensa argentina empezó a referirse a aquella acrobacia como “LA CHILENA”, asociándola directamente con quienes la ejecutaban. Así, el nombre quedó instalado y cruzó fronteras junto con el crecimiento del fútbol en el continente.
No obstante, en Perú la historia tiene otro matiz. En el puerto del Callao sostienen que la maniobra nació allí y que su denominación original es “chalaca”, en homenaje a los habitantes de esa zona. Según crónicas de fines del siglo XIX, marinos y trabajadores portuarios habrían practicado un remate similar en improvisadas canchas cercanas al muelle. Desde entonces, el debate sobre la autoría forma parte del folclore futbolero del Pacífico sur.
Lejos de zanjar la discusión, los años la han alimentado. Dirigentes, historiadores y periodistas de ambos países han defendido sus respectivas versiones. Incluso organismos internacionales han optado por una postura equilibrada.
Más allá de la disputa, la jugada se volvió universal. En el mundo anglosajón la conocen como bicycle kick, en Brasil como bicicleta, en Italia le llaman rovesciata y en Alemania se conoce como Fallrückzieher. Cambian las lenguas, pero no la admiración que provoca ver esta hermosa jugada.
Con el paso del tiempo, grandes figuras la han convertido en un recurso memorable en campeonato, finales, en los mundiales y clásicos inolvidables. Cada generación tiene su chilena favorita, esa que repite en videos o comenta durante años.
Quizás ahí radique su verdadera trascendencia. Más que una discusión sobre el lugar exacto donde nació. La chilena representa la creatividad del fútbol, su capacidad de reinventarse en cada partido. Es riesgo y espectáculo, improvisación y entrenamiento, atrevimiento y precisión.
Cuando un jugador se anima a intentarla, el estadio contiene la respiración. Y aunque no siempre termine en gol, el simple hecho de intentarla recuerda por qué este deporte despierta tanta pasión.
NO olvidar que, en el fútbol de vez en cuando, alguien se atreve a volar. Saludos.
Pablo Jara Quinteros
Profesor de Educación Física
Magister en Gestión deportiva
pablojaraquinteros@gmail.com
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