
Diferencias

Por Nelson Retamales Tirado
La gracia de la vida es la diversidad. Si todos fuéramos iguales, pensáramos igual, nos vistiéramos del mismo modo, comiéramos lo que nos entrega el Estado, sería aburrido y no entregaría incentivos para ser mejor y, sobre todo, nos acostumbraría a vivir con lo justo y generaría pobreza. La diversidad, en el buen sentido del concepto, es buena.
Sin querer entrar al plano político, así se vive en países sometidos a algún tipo de dictadura -las hay incluso elegidas por el pueblo, como Nicaragua- sea ésta de derecha o izquierda que, para el fin último, es una dictadura y genera miseria.
Hay cuestiones de la vida en las que, por ejemplo, el dinero no sirve, no da más inteligencia ni cura males, tal vez los aminora, pero no los cura y permite entender lo que es la igualdad a secas, como cuando alguien se muere sabiendo que no llevará nada a ese viaje misterioso y del cual, algunos no volverán jamás, salvo los creyentes, que creemos en la vida eterna.
Hoy día en medio de un violento temporal, sin duda deben notarse las diferencias porque, no es lo mismo vivir en la precariedad de una Toma que, en una ciudad formalmente establecida, con los servicios básicos funcionando -aunque sea a medias, producto del mismo temporal- y aún, con la diferencia en esos servicios que no siempre son óptimos, para algunos.
Recuerdo a mi profesor Carlos Varas, de la Escuela de Ciencias Políticas que siempre nos decía, “nunca se sientan menos que otros y cuando crean que alguien está muy arriba de ustedes, piénsenlo sentado en el baño y todas las diferencias se irán al tacho.”, literalmente.
Hoy mucha gente que, con este mal tiempo ha quedado complicada, sobre todo la más carentes, para quienes la igualdad no tiene significado práctico, pero los vecinos, por generosidad y las autoridades, por mandato legal, han permitido que esa complicación sea menor o, al menos, pasable.
El mundo feliz de Aldous Huxley no existe, es ficción y, según dicen los entendidos, para que haya día, debe haber noche y para que haya ricos, debe haber pobres pero el dilema está en que, siendo el día y la noche fenómenos de la naturaleza, independientes del actuar humano, la riqueza y la pobreza no lo son, y bien podrían, los seres humanos, aportar para disminuir la brecha, entre unos y otros, y hacer de este mundo, un sitio más amable y, en ello, tienen mucho que decir las autoridades nacionales, que deben legislar sobre el aspecto impositivo, con miras a mejorar la redistribución del ingreso y adecuarla a la realidad de las diversas fuerzas que aportan al engrandecimiento del país y, por cierto, copiar a los países desarrollados en que las autoridades tienen sueldo austero para servir a la Patria, no como en Chile, que algunos pechan por un ocupar un cargo, cualquiera sea, no por su espíritu de servicio, sino, por el dinero asociado al cargo.
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