Errare humanum est
Nelson Retamales Tirado
El derecho civil chileno tiene sus raíces en el derecho romano y la lengua materna de los romanos de la antigüedad, era el latín y era usada en todo el imperio romano -en el que nunca se ponía el sol- y de ahí, el título. Así, el que no entendía el derecho romano en las escuelas universitarias del ramo, nunca llegarían a comprender la profundidad de múltiples concepciones jurídicas, por carecer de fundamentos.
En el derecho civil, se habla de los vicios de la voluntad y, grosso modo son error, fuerza y dolo y, según los ordenamientos jurídicos de países latinos, se incluyen la violencia, la lesión y la mala fe, siendo esta última -en nuestro ordenamiento- un elemento esencial del dolo e incluso, se le equipara.
La señora Trinidad Steinert, abogada, ex “Fiscal Regional de Tarapacá”, con una exitosa gestión en la persecución de los crímenes de la organización denominada Tren de Aragua, presentó su renuncia voluntaria a tan importante cargo y abandonó tan prolífica gestión para asumir un nuevo desafío y, éste, no era otro que aceptar el ofrecimiento del presidente electo, para asumir como ministra de Seguridad Pública.
Recuerde Usted lector, que no ha mucho, escribí sobre el mejor profesor de un colegio que, por ello, fue nombrado director; se perdió el mejor profesor y se ganó un pésimo director. La historia vuelve a repetirse.
Para ser honesto, le tengo fe a este gobierno y sin culpar únicamente a quienes fueron parte del equipo de “buscadores” de personas para ocupar cargos -hubo descuido ciertamente, porque de otra forma no se explica las muchas renuncias y términos anticipados, al poco andar- creo que la propia exministra no tuvo a su lado un cable a tierra -familiar o amistoso- o simplemente cometió el error de creer que las tareas eran tan simples como llevar la Fiscalía, porque fuerza no hubo, pues nadie la obligó a aceptar el cargo y, pienso que, menos hubo dolo, o sea, no asumió el cargo con la intención de provocar daño al gobierno que la acogía, pero sin querer queriendo, lo provocó, más aún cuando la Contraloría determinó que actuó más allá de sus facultades, más fuerte aún, actuó ilegalmente y, -esto lo digo yo- con un sesgo personal al provocar la salida de una importante autoridad policial de la PDI, nada más que la prefecto general y subdirectora de Inteligencia de la policía civil, y aunque sin necesidad de hacerlo, luego declaró que no tenía rencillas con nadie. Quien explica, se complica.
¿Mala fe, engaño, abuso de poder, otro?
Ahora, aprovechando que la pelota quedó botando -a propósito del mundial- la oposición -la democrática y la radical- aprovecharán el regalo, el error no forzado y podrían acusar constitucionalmente a la Steintert, para continuar con el lamentable show de acusaciones que no llegan a nada, ocupando tiempo que se podría dedicar a la legislatura y se malgastan recursos públicos y, a estas alturas, a nadie le importa si hubo error, fuerza, dolo o lo que sea, pero su actuar, dejó mal parado al primer mandatario quien se ha reivindicado nombrando a un ministro que ha entendido su misión y está reparando el mal causado por una equivocada gestión ministerial.
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