
Luis Alberto Yáñez: «Uno se sentía orgulloso al correr un caballo de Remigio Cortés»
Autor: Alejandro Alegría Torres
Luis Alberto Yáñez tuvo el honor de ser uno de los jinetes que participó en la época gloriosa del Criadero Santa Isabel, formando equipo con grandes leyendas del rodeo como Juan Carlos Loaiza, Eduardo Tamayo, Ricardo de la Fuente, Luis Eduardo Cortés y siendo un aprendiz del legendario arreglador Remigio Cortés Palma.
El actual arreglador del Criadero Santa Ana de Melipilla recordó el legado de «Don Remi», su forma y técnica de trabajar los caballos, en conversación con Gustavo Vera y «Cacaro» De la Fuente en el programa CaballoyRodeo En Vivo.
«A don Remigio lo conocí cuando llegué a Santa Isabel, incluso viví en la casa de él harto rato. La temporada la hacíamos en el sur, en Futrono, y nos quedamos en su casa, con don Remigio y su señora, atendidos muy bien. Era una persona tremenda, lo tuvimos al lado y fuimos aprendiendo muchas cosas de él en el día a día. Desayunábamos y luego salíamos a trabajar y a topear. Le gustaba mucho que los días jueves le probáramos los caballos que tenía él», contó Yáñez.
«Yo corrí varios caballos de él por primera vez, el Acero, la Esbelta, caballos muy encachados. Era un gusto montar un caballo de él, como corrían, la boca, había que admirarlo y gozarlos. Tuve el placer de estar hasta el último con él. El se acordaba de todo lo que había pasado y lo que habíamos hecho, tenía su mente clarita», agregó.
Sobre esa época de aprendizajes y triunfos en el Santa Isabel, dijo: «Fue un placer estar con él, porque aprendimos hartas cosas. A mi me gusta harto trabajar caballos, me gusta correr, pero trabajar caballos me gusta más. Aprendí muchas cosas de don Remi y de mi papá, hombres antiguos, que saben lo que ellos hacían y lo hacían bonito. Ahora faltan gente que se dedique al arreglo, hay mucho jinete bueno, pero faltan personas que arreglen para que esto siga. Eso se ve en los caballos, por eso no aguantan mucho. Falta la espera y las cosas que se deben hacer a un caballo. Quedó la experiencia y estoy contento de haber vivido mucho con él, de haber aprendido. De tener una caja de frenos y que él me dijera cuál poner o probar. De eso uno saca muchas cosas, como la calma de sacar un caballo y mantenerlo. El era muy abierto con uno».
Yáñez destacó que uno de los aspectos más importantes de Cortés en el trabajo de los mancos era «la calma. Siempre decía que había que partir muy tranquilo, no apurar a un caballo y que el caballo iba diciendo los detalles que faltaban. Partir de abajo hacia arriba, cosa que no se hace, se parte al revés, y cuando el caballo se pone diablo, después no se puede parar. El le hacía troya, galope, topeo, echarle una refregada con un todo, dejarlo parado un rato y volver a tomarlo. Eso daba resultado y uno sigue con lo mismo. Esa es la pega, la tranquilidad y continuidad».
«En Santa Isabel se juntó todo, la calma y condiciones de él y la calidad de los caballos. Así que no le costaba nada por las condiciones que él tenía y la calidad de los caballos, que fueran buenos. Había muchos caballos, entonces él trabajaba unos pocos, los pasaba de curso, los paraba y tomaba otros», se extendió.
Yáñez también destacó que fue un verdadero orgullo tener la oportunidad de correr los caballos de Remigio Cortés por primera vez en algún rodeo.
«Yo le corrí varios caballos a él, porque le gustaba que yo y el ‘Lalo’ le corriéramos los caballos nuevos. Después pasaban a Juan Carlos y los demás jinetes. Corrí varios caballos de él, pero los nuevos. Uno de los primeros que corrí, fue el Acero, lo corrí en la casa y luego lo llevé a la Serie Potros de Paillaco. Lo corrimos con ‘Feña’ Atavalez, nos ganamos la Serie Potros y corrimos el cuarto roro. Era un caballo que en su primer rodeo hizo todas sus atajadas. También corrí el Agravio, el potro nuevo que era de don Benjamín (García-Huidobro). La Campiña también la corrí en Mariquina. Sus caballos hacían la pega perfecta para salir, pero como eran nuevos se guardaban y después, a la otra temporada, los sacaba otro jinete», dijo el ex tercer campeón nacional.
«Eran caballos muy educados, blanditos y corredores. Para uno que estaba recién partiendo, que le tocaran correr caballos de esa calidad, para uno era muy gratificante. Era bonito correr sus caballos, sobre todo porque en Santa Isabel había muchos jinetes buenos, entonces que a uno le tocara era un orgullo. Uno se sentía orgulloso por correr un caballo de Remigio Cortés. Puedo decir para siempre que yo le corrí caballos a un tremendo jinete y arreglador. Eso no lo puede decir cualquiera», cerró.
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