
El regreso a clases y el desafío de la adaptación emocional para niños y adolescentes

Por Gerardo Riffo Académico de Psicología, UDLA Campus La Florida
Luego de un periodo marcado por los horarios flexibles y menor exigencia, el retorno a la rutina escolar supone un desafío emocional y cognitivo para niños y adolescentes. Desde la psicología, este proceso implica una mayor demanda sobre funciones como la atención, la planificación y el control de impulsos.
“El regreso a clases exige un cambio abrupto hacia la regulación atencional y la gestión de tiempos externos. Además, el desajuste entre el reloj biológico y el horario social puede tardar hasta tres semanas en regularse, por lo que este retorno debiese ser gradual”, explicó Gerardo Riffo, académico de Psicología de Universidad de Las Américas.
Durante este periodo, es esperable observar irritabilidad, quejas somáticas o preocupaciones verbales. No obstante, el especialista advierte que “cuando estas conductas son intensas, persistentes y afectan el sueño, el apetito o la vida social, es importante prestar atención y considerar apoyo profesional”.
La interrupción de rutinas también incide en el estado emocional. Riffo señala que el sueño cumple un rol clave en la regulación emocional y que “la privación de este y el uso excesivo de pantallas generan desregulación emocional, baja tolerancia a la frustración e irritabilidad al volver a clases”.
En niños con ansiedad, el regreso puede intensificar los síntomas. “El contexto escolar presenta múltiples estímulos ambiguos y quienes tienen ansiedad suelen interpretarlos como amenazantes. Además, la evitación prolongada debilita la percepción de autoeficacia, aumentando el malestar al retomar la rutina”, explica.
Desde el hogar, el académico recomienda estrategias como retomar horarios de forma progresiva, utilizar apoyos visuales y trabajar el reencuadre cognitivo: “No se trata de evitar el colegio, sino de acompañar emocionalmente y avanzar de manera gradual”.
Respecto al rol del establecimiento educacional, Riffo enfatiza que “un cerebro estresado no aprende”, por lo que durante las primeras semanas debiese priorizarse la vinculación socioemocional por sobre la exigencia académica estricta.
Finalmente, el especialista destaca la importancia del rol familiar. “La ansiedad es contagiosa. El objetivo no es eliminar el estrés del retorno, sino fortalecer las herramientas de afrontamiento, siendo la familia una base segura desde la cual niños y adolescentes puedan enfrentar este proceso”, concluye.
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