
“Una casa sin mesa: cuando dejamos de encontrarnos”
Había una casa donde ya nadie se sentaba a comer junto.
La mesa estaba… pero nadie la usaba.
Cada uno en su pieza, con su celular, comiendo a cualquier hora.
Y sin darse cuenta, dejaron de hablarse.
No todo es tan complicado como parece.
A veces lo que falta no es plata, ni tiempo perfecto.
Falta algo más básico: estar.
La familia no necesita ser perfecta.
Necesita presencia.
Necesita cariño.
Necesita momentos reales donde se pueda conversar, reír, incluso discutir un tema … pero mirándose a la cara, aprender a convivir se aprende conviviendo, habitando y expresando nuestras necesidades en espacio donde podamos ser, estar, ser visto y escuchados.
Hoy hay muchos niños y adolescentes creciendo solos, aunque vivan con más gente.
Solos de verdad.
Sin alguien que los escuche, que los entienda, que los acompañe.
Y claro, después nos preocupamos por el celular.
Lo criticamos, lo culpamos…
Pero nadie se pregunta por qué ese celular terminó siendo más importante que una conversación.
El problema no es solo el teléfono.
Es el vacío que vino a llenar.
Y aquí no es culpa de los papás, hablemos de responsabilidad y que se entiende por responsabilidad
También hay un sistema que llega tarde, profesionales cansados, colegios sobrepasados…
Se reacciona cuando ya está la embarrada, pero no antes.
Lo que estamos viendo hoy —niños desbordados, adolescentes perdidos, familias desconectadas—
no es el problema.
Son las señales de algo que no se atendió a tiempo.
Por eso esto no se arregla con castigos ni con prohibir cosas.
Se arregla volviendo a lo básico.
Volver a mirarnos.
Volver a escucharnos.
Volver a compartir.
Y sí, también necesitamos apoyo.
Personas preparadas que sepan acompañar, orientar, ayudar a reconstruir esos vínculos que se han ido rompiendo.
Porque criar, convivir y educar hoy no es fácil.
Pero hacerlo solos, es aún peor.
Quizás no podemos cambiar todo de un día para otro.
Pero podemos empezar por algo simple:
Volver a la mesa.
No por la comida.
Por nosotros.
Porque cuando dejamos de encontrarnos, empezamos a perdernos.
Daniela Foster Muñoz
Orientadora Familiar
orientacoachlife@gmail.com
Deja una respuesta