
Derechos

Por Nelson Retamales Tirado
Los derechos se ejercen y nada ni nadie se puede oponer. Existen, en los países democráticos, obviamente, algunos derechos elevados a la categoría de garantía constitucional, es decir, son protegidos por la ley suprema de la Nación.
En Chile, están consagrados en el artículo 19 de la CPR y se reclaman conforme al artículo 20 de la misma norma superior. Entre los tantos derechos que garantiza la Constitución, está el derecho a la vida y cuyo texto vigente protege al que está por nacer -se me viene a la cabeza el empeño por legalizar el aborto libre-; igualdad ante la ley; educación; libertad personal y seguridad individual; entre otros y, uno importante en estos tiempos, el derecho a reunión pacífica sin permiso previo ni armas, el que va ligado con el derecho a presentar peticiones a la autoridad, sobre cualquier cuestión, en términos respetuosos y convenientes.
El que vea amenazado algún derecho, especialmente de los que señala el artículo 20, sea por actos u omisiones arbitrarias o ilegales, podrá ocurrir de protección ante la Corte de Apelaciones respectiva, la que, en un proceso rápido y eficaz, ordenará, si corresponde, restablecer el imperio del derecho, cuestión que, jamás nunca -valga la redundancia- ocurrirá en países totalitarios.
Ahora, me resulta difícil armonizar el derecho a la Educación con el derecho a reunirse pacíficamente y, con el de presentar peticiones a la autoridad en términos respetuosos si, quienes debieran estar estudiando, salen a la calle disfrazados con overoles blancos, a atacar a la policía, quemar buses, restringir el acceso al establecimiento a quienes quieren estudiar y sobre todo, que responden a un actuar ideológico que, para poca seriedad de su demanda, no lo hicieron contra el gobierno que les prometió educación gratuita y de calidad o, cuando a los esperanzados estudiantes superiores y sus padres, les prometió la eliminación del CAE, que tampoco cumplió.
Nos guste o no, el presidente Kast es un mandatario legítimo, elegido por una gran mayoría, de chilenos, con el infortunio de haberse encontrado al momento de asumir, con una guerra que viene a trastocar sus intenciones y se vio obligado a tomar medidas sensibles que, con el correr del tiempo, podrían reportarle muchos réditos porque, al contrario de gobiernos paternalistas, que todo lo regalan a costa del deterioro económico de la finanzas públicas y del empobrecimiento de la gente, puede revertir en mayor confort a mediano plazo y sin buscar la instauración una república popular, como hoy conocemos algunas o, simplemente, morir en el intento.
Ello ha impulsado a muchos a quitarle el apoyo -pero no el mandato como quisieron hacerlo con Piñera- y si algunos creen que, marchando, quemando y faltando a clases van a solucionar el problema, están tan equivocados como que el totalitarismo traerá bienestar al pueblo.
¿Por qué, ante la frustración de tanto incumplimiento, más bien engaño en el período anterior, nadie salió a la calle?
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