Hasta rendir la vida si fuese necesario
Nelson Retamales Tirado
Alguna vez, hice ese juramento en el Regimiento de Ingenieros Ferrocarrileros de Puente Alto, hoy desaparecido, y si bien es una formalidad, jamás se pasa por la mente que nos podamos encontrar en esa circunstancia, primero, porque son tiempos de paz y segundo, mi actividad es absolutamente civil y, salvo un llamado a acuartelarse en casos de extrema urgencia nacional, ello es de muy difícil ocurrencia.
Pero hay personas que, por su trabajo, cada día están arriesgando su vida e incluso, los antiguos choferes de micro escribían en su máquina “Sólo dios sabe si vuelvo”, y qué decir de otras profesiones cuyo riesgo es evidente pero no decisivo, o sea, las resultas pueden ser circunstanciales.
Pero hay otros que tienen como labor primordial, justamente, estar en permanente riesgo y lo circunstancial, en este caso, es que vuelvan cada día salvos a casa.
Ellos son, en general, todos los uniformados, en verdad, no todos, pues los que están para la defensa de nuestra soberanía, aguardan preparándose en sus cuarteles, salvo cuando son requeridos, como en el último tiempo, para el resguardo de nuestras fronteras ante el excesivo ingreso de migrantes irregulares.
Pero hay algunos uniformados que cada día, a toda hora, en todo lugar y, cualquiera sea el clima, están siempre presentes para el cuidar el orden interno, para nuestra tranquilidad y para, como dice su himno, la niña inocente duerme tranquila sin preocuparse del bandolero.
Son los Carabineros de Chile, institución de la que debemos estar orgullosos -al menos yo sí lo estoy- salvo algunos varios de aquellos que juegan por la banda del mítico Leonel Sánchez.
Ayer fue sepultado su mártir número 1.255, quien cayó cumpliendo su deber, honrando su juramento de rendir la vida si fuera necesario, dejando a una familia sumida en la tristeza y a una institución que ve cómo, otro de los suyos cae ante una bala asesina de un delincuente sin Dios ni Patria y, lo peor es que, dada su función tan sensible, saben que no será el último.
Seguramente, como mínimo, la institución lo ascenderá de forma póstuma -tal vez durante la tarde de ayer ya se anunció- a suboficial mayor, pero, su cónyuge y su hijo, quieren en el hogar al sargento segundo, para seguir compartiendo con el hombre amado.
Pero así es la vida de quienes eligen el camino de servir a la Patria protegiendo a la ciudadanía -como también los miembros de la PDI- por ello, mi respeto y admiración por tan noble tarea.
Hoy iba a escribir sobre la locura de eliminar los feriados irrenunciables, pero ya lo haré pues, el motivo que se aduce, es porque genera una merma muy importante para la actividad del comercio y para los incentivos que se generan para los trabajadores. ¡Insólito! Y es gente que cada domingo, se golpea el pecho y da jugosas limosnas.
A todo esto, el Viernes Santo, no es irrenunciable y lo lamento. Sólo son irrenunciables el 1 de enero, 1 de mayo, 18 y 19 de septiembre y 25 de diciembre.
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