
Del espectáculo natural al desarrollo local: el desafío del Desierto Florido
Janine Valenzuela Directora Escuela de Hotelería y Turismo Universidad de Las Américas
Durante algunas semanas, el Desierto Florido convierte a Atacama en uno de los paisajes más sorprendentes del mundo. Miles de visitantes llegan atraídos por sus colores, biodiversidad y la posibilidad de fotografiar un fenómeno excepcional. Sin embargo, este 2026 el verdadero desafío ya no debe ser conquistar turistas, sino gestionar adecuadamente un destino cuya fragilidad exige mucho más que admiración. Durante años hemos puesto el énfasis en ¿cuándo florece?, ¿dónde observarlo? y ¿cómo proteger sus especies? Hoy debemos avanzar hacia una pregunta más compleja: ¿cómo lograr que una floración de pocas semanas genere beneficios duraderos para Atacama, sin poner en riesgo aquello que justamente queremos mostrar?
Gestionar el Desierto Florido implica ordenar flujos, evitar la concentración excesiva de visitantes en zonas sensibles, fortalecer la información, señalética, accesos, servicios y la seguridad, además de mejorar la coordinación entre autoridades, comunidades, empresas y actores turísticos. Pero también supone mirar más allá de la floración y comprender que este fenómeno puede ser la puerta de entrada a un territorio mucho más amplio.
El reto es que el turista no llegue únicamente en busca de una fotografía, permanezca unas pocas horas y luego se marche. El objetivo de la región debiera ser lograr que esa visita se transforme en una experiencia más amplia: que conozca el Valle del Huasco, la costa, la gastronomía, el astroturismo, el patrimonio minero, la naturaleza, comunidades y emprendimientos locales. Que esa visita esporádica se convierta en estadía de largo plazo, en consumo local, en aporte al empleo y encadenamientos productivos capaces de sostenerse más allá de la temporada de floración para proyectarse durante todo el año.
Aquí cobra fuerza el concepto de turismo regenerativo. Ya no basta con enfocarse solamente en “no hacer daño”. El visitante también puede aportar positivamente al destino: contratar guías acreditados, comprar a emprendedores locales, respetar la capacidad de acogida, participar en iniciativas de educación, aprender sobre las especies y valorar el patrimonio natural y cultural. El éxito turístico del Desierto Florido no debiera medirse sólo por cuántas personas llegaron, sino también por cuánto valor permaneció en el territorio y cuán reducido fue el impacto provocado sobre este frágil ecosistema.
Cuando desaparezca la última flor, el verdadero desafío será que sus beneficios permanezcan. El Desierto Florido no necesita solamente visitantes maravillados; también requiere de viajeros conscientes de que están ingresando a un ecosistema excepcional y a un territorio habitado. Transformar ese asombro momentáneo en conservación, conocimiento y desarrollo local será, quizás, la verdadera medida del éxito turístico de Atacama.
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