
Cuando el otro deja de ser invisible
Una vez, un niño entró a una oficina acompañado de su madre. El adulto comenzó a explicar lo que necesitaba, mientras el niño permanecía en silencio.
La persona que los atendía escuchó atentamente al adulto, pero en ningún momento miró al niño.
Al terminar, el pequeño tomó la mano de su madre y preguntó:
—¿Y a mí nadie me va a preguntar cómo estoy?
Esa sencilla pregunta nos invita a detenernos.
Porque muchas veces miramos, pero no vemos. Escuchamos, pero no comprendemos. Hablamos, pero no necesariamente comunicamos.
Vivimos rodeados de personas: en las familias, escuelas, trabajos, instituciones y comunidades. Sin embargo, la rapidez de la vida puede hacernos olvidar algo fundamental: cada persona que tenemos delante tiene una historia, emociones, necesidades y una manera particular de comprender lo que está viviendo.
Por eso, el buen trato comienza mucho antes de las palabras.
Comienza cuando reconocemos al otro como alguien que importa.
No se trata de dar siempre la razón. Tampoco significa evitar los límites o los conflictos. Significa aprender a comunicarnos sin humillar, corregir sin destruir, orientar sin imponer y escuchar sin prejuicios.
Desde la Orientación Familiar Sistémica, sabemos que una persona no puede comprenderse separada de sus vínculos y de su contexto. Lo que ocurre en una familia, en una escuela o en un trabajo también influye en la manera en que las personas se relacionan y enfrentan sus dificultades.
Por eso, antes de preguntarnos:
“¿Qué le pasa a esta persona?”
podríamos comenzar preguntándonos:
“¿Qué estará viviendo?”
Quizás ese pequeño cambio de mirada sea el comienzo de una relación diferente.
Porque un gesto amable, una pregunta sincera o unos minutos de escucha pueden parecer pequeños para quien los entrega, pero pueden ser enormes para quien los necesita.
La Orientación Familiar busca precisamente abrir esos espacios: observar, escuchar, orientar, acompañar y fortalecer vínculos, entendiendo que detrás de cada conducta existe una persona y detrás de cada persona existe una historia.
Para pensar
¿Cuántas veces hemos pasado junto a alguien sin detenernos realmente a verlo?
Quizás hoy podamos comenzar por algo sencillo:
mirar al otro, escucharlo y recordar que, antes de ser un problema que resolver, es una persona que merece ser comprendida.
Daniela Foster Muñoz
Orientadora Familiar – Relaciones Humanas
Para orientación, consultas me puedes escribir aquí en diario el labrador
naturalnutrabienestar@gmail.com
www.diariolabrador.cl/ Columna : DANIELA FOSTER
Deja una respuesta