
Abraham Santibáñez, periodista ejemplar
Nos encontramos en la Biblioteca Nacional, donde acordamos reunirnos, en 2012. Tenía yo especial interés por conocer a Abraham Santibáñez, pues sabía y valoraba su trayectoria. Él, a su vez, tenía pleno conocimiento de mi tradición familiar en el periodismo y las letras. La labor periodística de mi padre y su libro “El periodismo” (Valparaíso, 1949), inspiró muchas de sus inquietudes en torno a la ética periodística, de la que fue maestro. También apreciaba mucho la figura de Roberto Hernández Cornejo, mi abuelo, con ese talente de fogueado periodista, investigador y autor de crónicas y obras historiográficas.
Lo que nos convocó fue el periodismo. El quehacer u oficio que Abraham inició en tiempos convulsos, y desempeñó siempre con lucidez, atinados análisis, sea en diarios, o revistas, o en la cátedra universitaria, con visión de hombre que estudiaba los asuntos y los ponderaba. Sobre todo, en tiempos probados para la libertad de prensa. Su pluma era limpia y las reflexiones abrían perspectivas, hasta la última edición del 1º de junio en su página www.abe.cl, donde hizo vigente de modo muy vivo, su “pensamiento, palabra y opinión”.
Ese primer encuentro con Abraham selló nuestra amistad y afecto mutuo. Tanto es así, que ese mismo año de 2012, yo había editado en Talca el libro “200 años de la `Aurora de Chile`”, que rescató textos de mi abuelo Roberto sobre los comienzos del arte tipográfico especialmente en Valparaíso, además de la figura egregia de Camilo Henríquez y su criterio periodístico. Entonces pedí a Abraham que presentara el libro en la Biblioteca Severin de Valparaíso, hacia donde viajamos juntos y compartimos una bella jornada.
En noviembre de 2013 se creó en Talca la Fundación Roberto Hernández Cornejo, de la que Abraham fue patrocinador. El 15 de enero de 2015, se hizo un acto solemne de inauguración de la Fundación en el Salón de Honor del Instituto de Chile, en Santiago. Nuestro amigo era miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua y entonces, poseía el cargo de Secretario General del Instituto, lo que permitió contar con él como anfitrión. Él dijo las palabras de bienvenida. Todo ello, con detalles simples y sobriedad afectuosa que le caracterizaba. Además, ese año recibió el Premio Nacional de Periodismo.
Otros momentos y encuentros tuvimos… Rememoro con cariño una visita a su casa en La Cisterna y la cálida acogida de Ana María, su señora, cuyo arte en las marionetas la llevó por el mundo y que Abraham con ella consignó en un libro hermoso publicado en 2025.
¿Qué decir ahora cuando nos deja de este mundo? Abraham es un testigo cualificado desde la década de 1930 hasta ahora; un vigía atento. ¡Un periodista de fuste!
Hombre de convicciones profundas, de fe viva, amable y bondadoso. Asumió todos sus empeños en el espíritu del Concilio Vaticano II, porque entendió que los cristianos debían estar presentes y actuar en la historia y el mundo, estar en la realidad y en disputas políticas, culturales, sociales, económicas, aportando y sin huir de los conflictos. Le correspondió, por eso, “arriesgar el pellejo” y jugarse por poner en carne viva el evangelio de Jesucristo y luchar por el compromiso con la dignidad y justica humana que de ahí dimana. Ser sal y luz…
Gran herencia de este periodista ejemplar que hoy recordamos. Agradecidos somos de su sonrisa, entrega y servicios. El 10 junio, cinco días antes de su deceso, creó el grupo “amigos cumpleaños”, el día previo al suyo y envió estas palabras como bello testimonio:
“Hola
Hace 88 años que llegué a este mundo.
Eran tiempos tan revueltos como los actuales: Ese año vivimos una elección que despertó mucho temor, aunque distinto del que generó la que acabamos de tener. Se vivía un doloroso conflicto en España, antesala de una terrible Guerra Mundial; vendría un terremoto en Chillán en seis meses más.
Mis padres no sabían lo que nos aguardaba. Pero, creo, que de haberlo sabido igual se habrían arriesgado a tener familia con todas las dificultades, no pocos dolores, pero muchas esperanzas.
Por mi parte, sin falsa vanidad, espero haber hecho un aporte importante al periodismo, a la enseñanza de nuestra imprescindible profesión, especialmente en materia de ética, y sobre todo en alguna medida a la recuperación de la democracia en Chile.
Más adelante espero hacer un recuento familiar más amplio y detallado. Sé que debo empezar por los días en Til-Til, La Cisterna y más. Quiero recordar a mi papá, mi mamá, a mis hermanos y a quienes nos acompañaron de niños y adolescentes.
Quiero recordar a Ana María. A María Paz.
Y a José Miguel, cuya prematura partida nos ha dolido mucho, pero que nos dejó un inapreciable regalo: María Pía.
Ella es, sin duda, un símbolo de esperanza permanente.
Por ello le daré siempre gracias a Dios.
Y a la vida.
Un abrazo.
Abraham”
¡Un abrazo para ti, Abraham! ¡Asístenos desde la divina eternidad!
Horacio Hernández Anguita
Fundación Roberto Hernández Cornejo
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