“Extrañezas extrañas”
Nelson Retamales Tirado
Evidentemente, resulta redundante el título de hoy, pero me he preguntado tantas veces por qué, ante un mismo hecho, la respuesta es distinta, conforme sea el origen.
¿Será la falta de educación cívica o, simplemente, el cuidarse de reclamar contra los propios? En los comentarios que algunos escriben en las publicaciones de esta columna en Facebook, se aprecia que hay gente que no le interesa la forma ni el fondo del escrito, sino, oponerse porque, simplemente, son de la oposición, una cuestión tan básica como pobre e indicativa del nivel en que nos movemos.
A mí me parece -dentro de la objetividad que, siempre me ufano tener- que las expectativas que generó el gobierno actual fueron elevadas y ante ello, la ciudadanía quiere y exige soluciones rápidas, pero ello no es posible, simplemente porque no están dadas las condiciones.
Con plata se compran huevos y, con huevos, se hacen tortas. Es sorprendente la habilidad de algunos para trastocar las cosas pues, habiendo quedado poco dinero en las arcas fiscales -el que quedó fue producto de un préstamo externo previo a entregar el gobierno y que debe devolverse- ahora el gobierno de Kast está solicitando autorización para elevar la deuda en 6.200 millones de dólares por sobre lo contemplado en el presupuesto vigente, que es de poco más de 17 mil millones de la moneda norteamericana.
Esta solicitud obedece, a asegurar el cumplimiento oportuno de las obligaciones del Estado, normalizar la situación financiera que se recibió del gobierno precedente y terminar de financiar el ejercicio fiscal 2026, el que fue proyectado en la tramitación del año 2025, con menores ingresos, pese al precio del cobre.
¡Cómo no!, la oposición, que hasta marzo fue gobierno y responsable de los desequilibrios presupuestarios, está cuestionando la solicitud de mayor endeudamiento para satisfacer necesidades de caja y obligaciones pendientes que quedaron de arrastre de su misma administración, cuando, contrariamente, se está tramitando una ley de reconstrucción que rebaja el impuesto corporativo de 27% a 23%, o sea, menos ingresos.
A secas, se ve mal, nominalmente mal, sin duda, pero nadie ha advertido que, con esa propuesta podrían –“podrían”, condicional, y ahí está la apuesta- volver muchos miles de millones de dólares que los empresarios -a quienes se les ve como el mismo demonio- retornarían al país, generando muchos empleos y los trabajadores recontratados -porque hoy la cesantía es feroz- generarían más consumo y, por ende, habría menos gasto social y más recaudación de impuestos, por esto del círculo virtuoso de la economía que, en alguna columna he traído a colación.
Ahora, si la apuesta falla, Dios nos pille confesados porque, si ya estamos al borde del máximo endeudamiento que, respecto del PIB es recomendable, con cualquier otro deterioro monetario, se generaría un panorama difícil de explicar, pero, la fe mueve montañas y la esperanza es lo último que se pierde. El que no se arriesga, no pasa el río.
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