
EL JUEGO: UNA FORMA NATURAL DE APRENDER TODA LA VIDA
Hola. ¿vamos a jugar?
Me imagino que con esta invitación lo he llevado a recordar su infancia o a pensar cuándo fue la última vez de jugó.
Aunque el juego suele asociarse a la infancia, nos acompaña durante toda la vida, pues va cambiando de forma. En los primeros años, jugar no es solo una entretención, es la manera más natural que tienen los niños de aprender. A través del juego descubren su cuerpo, desarrollan habilidades motoras, exploran el entorno y comienzan a relacionarse con otros. Como plantea Jean Piaget, ya en el año 1962, el juego es una forma esencial de construcción del conocimiento, donde el niño asimila la realidad y la adapta a su mundo. A su vez, al autor Lev Vygotsky destaca que, mediante el juego, los niños desarrollan funciones cognitivas superiores y aprenden a interactuar socialmente.
En la etapa escolar, el juego sigue siendo fundamental. No solo favorece el aprendizaje académico, sino que también fortalece la convivencia, el trabajo en equipo y la creatividad. Un niño que juega es un niño que imagina, que se equivoca y vuelve a intentar, que aprende a ganar y a perder. En este sentido, Bruner, en 1983 señala: “el juego facilita el aprendizaje al permitir la exploración en un ambiente seguro”, mientras que otros autores lo define como una actividad cultural básica, presente en todas las sociedades humanas.
Luego, en la adolescencia, el juego muchas veces se transforma en aprendizaje de deportes, actividades recreativas o en espacios de encuentro social. Aquí cumple un rol importante en la construcción de la identidad, en el manejo del estrés y en la necesidad de pertenecer a un grupo. Para el autor Erikson, en 1968, esta etapa está marcada por la búsqueda de identidad, y las actividades lúdicas y deportivas contribuyen a ese proceso
En la adultez, el juego no desaparece, aunque muchas veces lo dejamos de lado por las responsabilidades. Sin embargo, sigue siendo necesario. Participar en actividades recreativas, practicar deportes o incluso compartir juegos en familia permite desconectarse, reducir tensiones y mejorar la salud mental.
En la vejez, el juego adquiere un valor aún más significativo. Ayuda a mantener la mente activa, favorece la movilidad y, sobre todo, combate la soledad. Juegos de mesa, actividades recreativas o ejercicios lúdicos permiten mantener la alegría y el sentido de comunidad. Estudios como el de Rowe & Kahn, en 1997 sobre envejecimiento activo, destacan que la participación en actividades recreativas mejora la calidad de vida en adultos mayores
Para Mariana Campos Rocha (2006), en su Tesis sobre el Juego como experiencia pedagógica, señala que el juego es un medio por el que comenzamos a entender cómo funciona el mundo y las formas en que podemos integrarnos en él, cumpliendo de este modo un rol fundamental en el crecimiento y desarrollo físico, emocional, intelectual y social de los sujetos.
En la actualidad el tiempo destinado al juego ha disminuido considerablemente. El uso excesivo de pantallas, las agendas sobrecargadas y la falta de espacios seguros para jugar han reducido las oportunidades de movimiento en la infancia.
Recuperar el valor del juego no significa retroceder, sino avanzar hacia una educación más completa y equilibrada. Permitir que los niños jueguen, se muevan y exploren es una inversión en su desarrollo integral.
Con el debido respeto a usted, quiero saludar a mi hermana Vivy, que hoy está de cumpleaños y darle las gracias por estar siempre presente y ser el punto de encuentro de todos mis hermanos. Feliz cumple, hermana mía, te quiero mucho.
Pablo Jara Quinteros
Profesor de Educación Física
Magister en Gestión deportiva
pablojaraquinteros@gmail.com
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